En esta bendita tierra, en esta amada ciudad, estamos tristemente más que acostumbrados a las decepciones colectivas. Cada uno que ponga los ejemplos que se le ocurran, pero la última que nos han dado, ¡Zas, sartenazo que te crió!, viene Made in Madrid y nosdeja compuestos y sin novio en el megaproyecto del desarrollo del León Oeste en particular merced a la construcción de un Palacio de Congresos que nos han vendido desde 2004, por el que se han entretenido en disputas y reproches las administraciones apoquinadoras –Junta y Gobierno central– y que ahora, si no dormir el sueño de los justos –que ya se verá– al menos se va a quedar congeladocual chupitel con denominación de origen.
Dicen en Moncloa que hacer, se hará, pero que la crisis obliga a priorizar y que no está el patio para palacios congresuales por mucha promesa electoral que sea. Dicen en Moncloa que la vicepresidenta de los dineros considera que León ya recibe demasiado buen trato en los presupuestos y puestos a recortar, nos ha tocado la pedrea, el reintegro y el Gordo.
El marrón es considerable para el equipo de gobierno municipal, léase PSOE porque la UPL está de convidado de piedra, aunque ya hayan protestado y reclamado que se cumpla lo prometido.
Ojalá nos esperen buenas nuevas pero esto pinta más negro que azul oscuro y el macroproyecto del Palacio de Congresos de León se va a quedar, y gracias, en el pequeñín, el llamado ‘Petit Palais’, que presuntamente van a hacer al lado del que ya no van a hacer dedicado cuestiones de turismo.
De forma y manera que, si Zapatero no lo remedia –que nada apunta al respecto–, y la Virgen del Camino no obra el milagro, el que quiera ver el Petit y el Grand Palais, va a tener que ir a París, como siempre ha ocurrido.
Y eso si no nos cierra el paso el arquitecto francés al que se le encargó el diseño del palacio ahora diluido en el maremágnum de la crisis, Dominique Perrault, al que llevamos mareando con el tema desde hace cuatro años. ¡Mon dieu!
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