Si la semana pasada escribí en este espacio sobre los olvidos de León con su gente, no son menos ciertos los olvidos de su gente con León. Y no quiero entrar a fondo en estas cuestiones aunque ustedes pueden imaginarse a qué y a quién me refiero. Su crédito con esta tierra ha quedado a cero.
Pero vamos a dejarnos de tonterías y a empujar todos del carro porque lo malo no es que se pare sino que se vaya hacia atrás y nos atropelle. Oigo con un cinismo ofensivo hablar a los rentistas de esta tierra sobre la falta de oportunidades. Se me revuelve la bilis. Me imagino que se refieren a las que ellos no crean porque son liberales para vivir de las rentas pero socialdemócratas para que quien invierta sea la Administración. Y se quedan tan pichis, por no decir, tan cojonudos.
No voy a volver a lo de siempre. No quiero ser obsesivo, pero tenemos una tendencia enfermiza a maquillarlo todo. Siempre hay una disculpa para no hacer nada, para no atacar las cosas de raíz y al núcleo del problema.
El núcleo del problema de nuestra dinamización económica y de lo que nos diferencia para mal con otras naciones más liberales se llama burocracia. El sistema se retroalimenta y hay demasiada intervención pública en la iniciativa privada. Intervención en el terreno burocrático donde hay dependencia de tres administraciones distintas, cada una con su particularidad. Así los emprendedores se mueren en los trámites, en los papeles, dejan su ilusión por los despachos cuando deberían de conservar sus fuerzas para empujar sus empresas. Hay que reducir trámites, no se pueden perder las ideas entre una maraña de funcionarios. Y mi respeto a los funcionarios porque saben de lo que hablo.
No se puede dinamizar la economía cuando para poner en marcha una nueva empresa se necesitan meses y meses de trámites, papeles y exigencias. Todo ha de ir a otra velocidad, a otro ritmo. El actual produce cansancio y hastío. Hay que liberalizar la Administración, eliminar papeles y concentrar trámites. Es tan fácil como querer más empresas o más funcionarios. La riqueza no se crea en un expediente. ¿O sí?