Noemí G. Sabugal, finalista del Unicaja de Novela por ‘El asesinato de Sócrates’
La periodista y escritora leonesa Noemí González Sabugal. PABLO J. CASAL
Joaquín Revuelta / León
Dentro de un buen periodista hay un literato que lucha por salir. Esto se cumple a rajatabla en el caso de la joven y estupenda profesional Noemí G. Sabugal (Premio Cossío en 2005 por el reportaje publicado en La Crónica de León ‘De cruce de caminos a cruce de culturas’), que acaba de quedar finalista del Premio Unicaja de Novela que lleva el nombre de Fernando Quiñones por su relato ‘El asesinato de Sócrates’, un prestigioso certamen literario que este año ha tenido como ganador a otro escritor muy vinculado a esta tierra, el más veterano Raúl Guerra Garrido, cuya novela ‘La memoria de los sueños’ fue considerada por el jurado como la mejor de entre las 262 novelas presentadas a este certamen que convoca la Fundación Unicaja, según el fallo hecho público el pasado martes en Cádiz, ciudad natal del escritor que da nombre al galardón y del que se cumple el undécimo aniversario de su fallecimiento.
Todos conocíamos en el periódico el buen hacer profesional de la compañera Noemí G. Sabugal, que formó parte del cuerpo de redacción de La Crónica durante años para incorporarse más tarde al portal de Internet Leonoticias. com. El premio Cossío lo vino a corroborar hace cuatro años, pero no sabíamos que dentro de esta inquieta periodista había una novelista en potencia (tiene otras dos novelas escritas que todavía no han visto la luz y una cuarta que ya ha comenzado) como ha quedado demostrado con este relato negro que Sabugal ha situado en San Martín, una pequeña ciudad de provincias sospechosamente parecida a León.
Un incapaz sentimental
Noemí reconoce la deuda que tiene con escritores como Dashiell Hammett o Raymond Chandler. “Por esa razón el arranque de ‘El asesinato de Sócrates’ es muy de novela negra que después voy enriqueciendo con el mundo interior de los personajes. Comienza con el asesinato de un periodista que escribe bajo el seudónimo de Sócrates (un apunte irónico de la autora pues el filósofo no dejó nada escrito), un tipo engreído que se cree más de lo que realmente es”, señala la autora, aunque el verdadero hilo conductor de la historia es el inspector Marcos Robles que investiga la muerte del plumilla y al que Noemí define como “un incapaz sentimental”, una persona que cubre sus carencias con su adicción al jazz y a las prostitutas. La corrupción, como no podía faltar en una novela negra que se precie de serlo, está presente en una narración cuyo tercer personaje es la pequeña ciudad de provincias que en la ficción se hace llamar San Martín, pero que en realidad es un trasunto de León.
“Me gusta la descripción que Clarín hace de Vetusta (Oviedo) y mi idea era que la ciudad tuviera cierto protagonismo dentro de la narración”, apunta Sabugal, cuya vena periodística sale en la descripción que en la novela hace de los barrios periféricos, como el Barrio del Cerro que, al igual que El Crucero, se formó a la sombra de las vías del ferrocarril. “Cuento cómo este barrio en los años cuarenta y cincuenta fue ocupado por la gente que llegaba de los pueblos, pero ahora su población es de inmigrantes, personas con graves problemas económicos y de integración. El barrio ha cambiado su fisonomía y de aquella diáspora rural se ha pasado a los locutorios, a las carnicerías halal, pero esto no es un hecho exclusivo de León sino que es una constante en las ciudades españolas”.
La literatura leonesa también está de alguna manera presente en la novela de Noemí Sabugal. “Decía Cela que la más noble función de un escritor es dar testimonio del tiempo que le ha tocado vivir. La novela es actual y es un reflejo de la realidad que conozco, pero sí es verdad que de los escritores leoneses he sabido recoger esa atmósfera triste, un tanto gris, con gente que se refugia en los cafés por el frío o la lluvia, que desconfía del vecino, que no sabes muy bien qué guarda en su interior. Creo que esto se debe a que todos los escritores leoneses estamos influidos por el paisaje, por las inclemencias climatológicas, que de alguna manera condicionan nuestra vida diaria. Todo eso crea una atmósfera que nunca es brillante sino, más bien, apagada”.
Lenguaje sin artificios
La periodista y escritora leonesa, amante de la literatura de Galdós y Clarín, ha pretendido en ‘El asesinato de Sócrates’ tener un lenguaje muy sobrio. “He intentado limpiar el lenguaje de adjetivos. En este sentido Raymond Carver es un escritor que describe a los personajes con muy pocas palabras y que no es nada rebuscado, no es nada artificioso, y sin embargo hay una corriente subterránea que te indica que existe algo más de lo que se ve”, asegura Sabugal, que reconoce la influencia de la novela decimonónica y de autores como Zola, Balzac, Galdós o Clarín.
“Literariamente soy muy omnívora”, confiesa Sabugal, cuyas preferencias tampoco excluyen el realismo mágico o la ciencia ficción practicada por autores como Philip K. Dick y Ray Bradbury. “Estos autores no me están contando algo de naves espaciales o experimentos genéticos. En realidad van más al hombre, pues hablan de temas como la identidad y una sociedad a veces opresiva”.
Sabugal es consciente de que algunos lectores pueden pensar que con ‘El asesinato de Sócrates’, que en próximas fechas será publicada por Alianza Editorial, ha querido subirse al carro del éxito el fenómeno sociológico propiciado por la trilogía de Stieg Larsson. “No he leído la saga ‘Millenium’, pero la novela negra siempre ha estado ahí. Puede que haya un momento en que se venda más por la influencia de una determinada publicación. Pero, repito, la novela negra no es un fenómeno de ahora. De hecho, ‘La ciudad de cristal’ de la ‘Trilogía de Nueva York’, de Paul Auster, se vendió como novela negra pero en realidad remite al universo de Kafka, pues explora lo surreal, lo oculto, la causalidad y todas esas cosas, sin olvidar a escritores españoles que sin ser autores de novela negra han incidido en el género, como Antonio Muñoz Molina en ‘El invierno en Lisboa’ y ‘Plenilunio’, o Eduardo Mendoza en ‘La verdad sobre el caso Savolta”.
Para Noemí Sabugal la atracción que el género suscita en el público tiene que ver con ese punto de no retorno que supone quitar la vida a alguien. “La gente se pregunta cómo una persona es capaz de hacer esto. ¿Por qué? ¿Qué le mueve? ¿Realmente somos tan inhumanos como para matar al prójimo? Pues, lo somos. Todo lo que tiene que ver con la muerte siempre ha tenido mucho peso en la literatura. De ahí la novela negra, que toca asuntos como hasta dónde puede llegar el ser humano, qué se oculta debajo de cada uno, temas que son de siempre”.