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EL COLUMNISTA INVITADO / María José Alonso Pérez

España invertebrada

En 1921, José Ortega y Gasset, nuestro más eminente filósofo del siglo XX, escribió su ensayo titulado España invertebrada. A su juicio, nuestro país incurría en dos graves vicios, el particularismo: “Cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. No le importan las esperanzas o necesidades de los otros y no se solidariza con ellos para auxiliarlos en su afán”, y la que él llamaba “ausencia de los mejores”. Esta última carencia la describía así: “Por una extraña y trágica perversión del instinto encargado de las valoraciones, el pueblo español, desde hace siglos, detesta todo hombre ejemplar o cuando menos está ciego para sus cualidades excelentes. Cuando se deja conmover por alguien, se trata casi invariablemente de algún personaje ruin e inferior que se pone al servicio de los instintos multitudinarios”.
España está de nuevo invertebrada por la concurrencia de esas dos circunstancias históricas: la eclosión de los particularismos nacionalistas y la manifiesta mediocridad de quienes nos gobiernan. Por el particularismo se explica que el modelo de Estado haya dejado de ser solidario y prime la parte sobre el todo, con fortísimas tensiones que se manifiestan en expresiones políticas como las del Estatuto de Cataluña, que pretende replicar la organización del propio Estado. En ese contexto se mueven las reclamaciones de deudas históricas, la pelea por el agua entre regiones o los criterios de financiación autonómica. Se ha perdido la visión del conjunto para centrar la mirada, replegada, sobre el breve territorio de cada cual. Lo que es suicida en un país con cuatro millones de parados y un endeudamiento tan brutal.
Mientras, los partidos políticos muestran día a día que no están en manos de los mejores: la mediocridad intelectual se combina en muchas ocasiones con la corrupción. A su vez, los jueces van a la huelga, las organizaciones cívicas regresan a la protesta callejera, los sindicatos viven del Presupuesto y la ciudadanía da bajísimas calificaciones a todos los dirigentes. Unamos a este panorama el páramo intelectual en el que se ha convertido nuestro país en el que la excelencia se mide con raseros que conciernen al éxito estrictamente comercial y ésta es, otra vez, la España invertebrada de Ortega que circularmente se reencuentra con su peor pasado.

María José Alonso Pérez es concejal del PP en el Ayuntamiento de León

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