La polémica sobre las dietas de algunos miembros del equipo de gobierno de Ponferrada pone al descubierto el despilfarro –y también el buen gusto– de buena parte de nuestros políticos cuando se van de viaje a costa del ciudadano. Basta con comprobar lo que se llegó a pagar en 2008 por algunas estancias en hoteles madrileños; según el PSOE fueron 446 € y según el PP la tercera parte, pero lo cierto es que ambas cantidades se encuentran por encima de la regulación fijada para una dieta diaria.
Pero más allá de las cifras, el episodio abre el debate sobre si realmente son necesarios ciertos desplazamientos de nuestros representantes políticos en las diferentes administraciones.
Una buena muestra son los viajes para promociones turísticas, grastronómicas, etc... Personalmente, soy de los que piensa que la principal ventaja de ese tipo de actuaciones se la llevan los afortunados que disfrutan de unos días de descanso pagados con el dinero de todos los contribuyentes.
Sobre ese particular, y sin poner en duda la buena intención de los responsables de las diferentes concejalías, patronatos, etc…, lo cierto es que a pesar de los esfuerzos seguimos estando en una de las regiones con mejores recursos turísticos pero que, por el contrario, están a la cola en cuanto a la gestión de los mismos. Basta con comprobar la gestión que se realiza en numerosos departamentos franceses con un patrimonio similar o inferior o, sin ir más lejos, en Navarra o la cercana Asturias.
Y todo apunta a que la situación no mejorará mientras no se establezcan algunas medidas. Por ejemplo, que las competencias en materia turística e infraestructuras en el Bierzo dependieran solamente de una administración fuerte, con independencia de que cada ayuntamiento pueda ofertar las bondades de su municipio. En ese caso, quizá no serían necesarios tantos viajes de promoción.
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