Franco realizó tres recordadas y multitudinarias visitas a León, una en 1939 y otras dos en los años 60
Francisco Franco saliendo de La Catedral.
Fulgencio Fernández / León
Todos los caminos reales, todas las veredas, todas las encrucijadas de nuestra provincia se poblaron de gentes caminantes hacia León en este día fausto de septiembre, para presenciar la efemérides, que alborozaba los corazones y unía en fervoroso aplauso las manos encallecidas de los hombres de la tierra leonesa”.
Con esta retórica épica, patriotera, comenzaba un extenso artículo de la revista Tierras de León del año 1962, sin firma, y bajo el escueto título de ‘Franco en León’. Casi 40 páginas daban cuenta de las multitudinarias recepciones que tuvo ‘el Generalísimo’. “Franco llegaba a nuestra ciudad y su presencia despertaba en un pueblo, con fama de indiferente, la gratitud por la justicia social del Régimen hecha realizaciones fecundas...” explicaba la ya citada revista que editaba la Diputación Provincial.
Daba después detallada cuenta de las recepciones en la Vidriera, en las instalaciones de la Hullera Vasco Leonesa, en Santa María del Páramo. Se sucedían fotografías de las multitudinarias concentraciones, pancartas de pueblos que hacían explícitos sus apoyos a Franco, incluso enormes murales realizados en los montes para que el dictador las viera desde su coche en las que se le mostraba la adhesión inquebrantable de sectores considerados poco afines: ‘Los mineros por Franco’, pudo leer camino de una masiva recepción en Santa Lucía.
Y ya era el año 62. Pero seguramente no todo el mundo lo vio con la misma encendida retórica del anónimo redactor de Tierras de León. Avelino Lago, trabajador en aquel año 1962 en una de aquellas minas que le mostraban su inquebrantable apoyo explica, a sus 78 años, que no había más remedio que estar allí. “Nos avisaron con tiempo de que aquel día no se iba al tajo sino a recibir a Franco. A cada uno nos dijeron a qué lugar, desde casi el amanecer anduvimos de la ceca para la meca, con más vigilantes que en cualquier pozo... ¿Cómo dice eso del aplauso de los callos? Venga hombre, estábamos hasta las narices, lamayoría creo yo, no quita que hubiera gente que fue de buena fe”.
Fue la visita más multitudinaria y recordada de Franco a León (junto a la del Congreso Eucarístico, en 1964, cuando desfiló bajo palio en la Virgen del Camino), pero no las únicas. Vino alguna vez a practicar su deporte favorito, la pesca (aunque si se creen todas las leyendas populares no habría salido de aquí) y en este 2009 se han cumplido 70 años de su primera visita y una de las primeras que realizó después de acabar la guerra civil.
Con la Legión Cóndor (1939)
La aviación nazi escribió una de sus primeras páginas para el olvido en la guerra civil española. Es de sobra conocida su tristemente famosa Operación Rügen, que llenó de muertos la población de Guernika y después inmortalizó Picasso en una de sus obras maestras. Pero también dejaron triste recuerdo en Durango, en Málaga, en Alicante... y en León, la misma tierra que le puso su nombre a una céntrica calle.
Aralla de Luna también fuebombardeado en uno de los pasajes más olvidados de la contienda civil. También allí al menos un muerto entre la población civil, cuya familia tuvo que soportar, si se enteró, que el Caudillo viniera a León a despedir como verdaderos héroes a los integrantes de la famoso Legión Cóndor.
El pormenorizado relato que de la de visita de septiembre de 1962 realizaba Tierras de León nos sirve para conocer cómo eran aquellas visitas obligatoriamente multitudinarias. “Desde muy temprano la gran Avenida de Papalaguinda, glorieta de Guzmán y demás calles del trayecto que había de recorrer estuvieron llenas de una multitud ansiosa de presenciar la llega de S.E. Un gran arco con el vitor del Caudillo y el escudo de León sirvió de punto de partida para la entrada oficial”. El alcalde, Martínez Llamazares, había publicado un Bando en el que anunciaba que “nuestro invicto Caudillo va a ser para León esencia y presencia de horas venturosas, que queremos, con nuestra gratitud y adhesión incondicional, hacer imborrables y perennes (...) Leoneses: Preparaos para recibir al hombre providencial que nos rige; engalanad vuestros balcones, flamead vuestros pañuelos, vitorearle y que, con el aplauso entusiasta y leal de este pueblo, una sola voz se escuche como eco de nuestros mejores: Franco, Franco, Franco”.
Su visita incluía en el recorrido la Catedral leonesa. No fueron menores los honores de quien encontró en la Iglesia su más fiel aliado. Regresaría dos años después al Congreso Eucarístico, recorrería la ciudad en un recordado Rolls Royce , pasearía bajo palio en el Santuario de la Virgen del Camino; pero también en aquel 1962 el famoso obispo Almarcha le dijo las siguientes palabras: “Como Jefe del Estado Español os corresponde por tradición inmemorial en esta Santa Iglesia Catedral el primer lugar del Coro de la misma como Canónigo honorario”.Recibió después la Medalla de la Ciudad en el Ayuntamiento, la Medalla de la Provincia en la Diputación, múltiples regalos en sus visitas a la Vidriera, la Hullera... pronunció encendidos discursos. Así eran las cosas.