Mónica Taranilla Cristiano enseña pilates desde su profesión como fisioterapeuta
SECUNDINO PÉREZ
Secundino Pérez / León
El secreto de Mónica consiste en dar lo mejor de ella en todo lo que realiza. Así, cuando llega a la clínica de fisioterapia que regenta en Trobajo del Camino, deja fuera sus problemas para encarar los de los demás. Su cara se transforma, se la ve que está en su medio, acompañada de tres colegas con los que forma el equipo que ella dirige, a quienes siempre se refiere como colaboradores. Presume de su gente, aunque asegura que le costó tiempo encontrar trabajadores que se acoplaran a la demanda de la profesión de fisioterapeuta. “Me ha costado muchísimo encontrar el equipo de trabajo que tengo. Soy exigente conmigo y me gusta la calidad del tratamiento”, explica esta joven empresaria leonesa que aprendió de sus padres la tenacidad para conseguir el éxito en la vida, y de su padre, policía municipal que compatibilizaba con el oficio de pintor de brocha gorda y agente inmobiliario, “el espíritu emprendedor” para prosperar en la vida.
Mónica, la pequeña de la saga Taranilla, se formó en el colegio deLa Milagrosa, de allí pasó al de San Claudio y luego al Instituto Padre Isla, todo en su barrio. Los veranos viajaba a Londres para mejorar el inglés que aprendía en la Escuela Oficial de Idiomas. Los estudios los compaginaba con el atletismo, deporte “en el que competí, nunca con grandes logros, pero era muy versátil. También me inicié en la gimnasia rítmica y el ballet”, explica y reconoce que todas aquellas actividades le llevaron a conocer cómo los fisioterapeutas recuperan en perfectas condiciones a los deportistas después de una lesión. “Creo que los idolatras un poco y entonces vi que ahí había un campo interesante”. Así, llegó a la Facultad de Medicina de Oviedo, Escuela de Fisioterapia. Recuerda esos años como “preciosos, en los que te conviertes en persona independiente”. Lo pasó muy bien aunque reconoce que desconocía lo duro que es la profesión, no solo físicamente “porque en el tema deportivo los hombres lo tienen más fácil para llegar a todo y yo como mujer tengo que demostrar mi valía como profesional y como mujer. Y así intento dar de mí siemprelo mejor”. El último curso consiguió, en función de los méritos académicos,una Beca de Colaboración que le permitió entrar en el mundo laboral trabajando para la Universidad con el equipo de balonmano. “Estuve de fisioterapeuta viajando por toda España con un equipo de hombretones que me sacaban dos cuerpos”, explica entre risas. “Al principio había algún tabú a que entrara en el vestuario, pero enseguida se superó” y de aquella etapa presume de haber practicado con ellos desde vendajes funcionales hasta coser una ceja o poner una inyección intramuscular, pero sobre todo conseguir su respeto. Ese año el equipo ascendió a la liga Asobal y entre aquellos jugadores estaba Alberto Entrerrios, hoy jugador del Ciudad Real,que tenía 19 años.
Taranilla siguió haciendo pinitos laborales aunque no muy fructíferos. Lo más interesante, recuerda, fue una ponencia presentada en un congreso médico representando a su Universidad. Su exposición fue un éxito, más aún cuando entre los ponentes se encontraba gente de la categoría de Guillén, reconocido traumatólogo en el mundo deportivo. “Me dieron el premio a la mejor comunicación oral, por mi ponencia sobre ‘El calentamiento como medida de prevención de lesiones’, basado en el años que había estado con el equipo de balonmano Naranco-Oviedo”. Regresó a León con un bagaje fisioterapeuta que la animaba a no parar, entonces con un socio, un poco de dinero, un piso de alquiler, una mínima subvención y mucha ilusión se instalaron en Trobajo del Camino. A los dos años emprendieron vidas laborales separadas, ella siguió hasta comprar un local y sin más ayuda que la de su familia comenzó una vida empresarial dedicada al cuidado del cuerpo desde su clínica, donde además imparte clases de pilates desde su conocimiento como fisioterapeuta. En casa, donde pasa poco tiempo, tararea las canciones de la radio que la acompaña siempre. Poco tiempo la queda después de jornadas de doce horas de trabajo pero siempre lee. Ahora acabó El secreto de Rhonda Byrne. Seguro que encontró su secreto para cumplir otro deseo, formar una familia, dice mientras recuerda que: “Todos los días cuando me levanto me duele algo; es para recordar que estoy viva”.