Ha sido uno de los monumentos que más ha sufrido el olvido. Durante 75 años su ‘alquiler’ costará sólo un euro
Palacio del Conde Luna. SECUNDINO PÉREZ
Manuel C. Cachafeiro / León
El palacio del Conde Luna renace de sus cenizas. Quizá sea más acertado decir que vuelve a brillar en el casco antiguo. Aunque estuviera abandonado, nunca perdió su personalidad como parte de una historia de siglos. Quizá sufrió más que nadie el desprecio de una sociedad que ha tardado muchos años en valorar el patrimonio, hasta el punto de convertirse en una extensión más del vecino mercado del Conde. Su pórtico, con los escudos más nobles de la ciudad, terminó convertido en la entrada de una frutería, con trapa incluida, y en sus bajos también se instaló otro negocio de venta de naranjas, manzanas y peras.
Mandado construir por Don Pedro Suárez de Quiñones y su esposa Doña Juana González de Bazán, en el siglo XIV, fue ampliado con un torreón renacentista de tres pisos, de aparejo almohadillado, sillería y tableros de pizarra verde.
El palacio ha sido de todo. Y no sólo una frutería. También estuvo en sus muros el Tribunal de la Inquisición. Declarado Monumento Histórico en 1931, de nada sirvió tal honor.
El 15 de febrero de 2001 su historia empezó a cambiar.El entonces obispo de León, Antonio Vilaplana, como presidente de la fundación Octavio Alvarez Carballo, propietaria del edificio, y el entonces alcalde de León, Mario Amilivia, firmaron el documento por el que el Ayuntamiento dispondrá durante 75 años del palacio del Conde Luna a cambio de un euro, 166 pesetas. Su destino inicial fue convertirse en museo de Semana Santa, otro de esos proyectos que generan ríos de tinta y que nunca se llevan a cabo.
Finalmente, Francisco Fernández lo convirtió en una de sus grandes promesas en las últimas elecciones. Gracias al respaldo del Gobierno central, esta semana el edificio ha abierto sus puertas.
¿Y quien era Octavio Álvarez Carballo, su último dueño? La fundación “Álvarez Carballo” se creóen Caboalles de Abajo el año 1895, gracias al legado que a tal fin dejó Pedro Álvarez Carballo. Según el historiador leonés Ricardo Ferradal, su primer objetivo fue formar jóvenes. “Así se fijaron rentas para la adquisición de material escolar y el pago de los emolumentos a los maestros encargados de la enseñanza;un maestro para la escuela de niños y una maestra para la de niñas. A los docentes se les exigía estar casados y su remuneración consistíaen 1.000 pesetas anuales, muy alta para aquellos tiempos”. La nueva escuela se levantó de acuerdo con los planos del arquitecto Amós Salvador y el patronato para su funcionamiento corrió a cargo de un familiar del fundador, el párroco, un vecino del pueblo y el entonces diputado conservadorpor el partido judicial de Murias de Paredes, Eduardo Dato Iradier.
El palacio del Conde Luna se convirtió en los años 90 en una de esas referencias que valía para todo: museos, sedes...Al final, su destino será albergar la sede europea de una prestigiosa universidad norteamericana y el museo del Reino de León. Aunque haya quedado muy moderno, hay que reconocer que su futuro inmediato pasa por el esplendor perdido, cuando era un noble palacio.