Urtasun y Humphrey guían al Baloncesto León a la victoria frente al Cáceres de Gustavo Aranzana
Humphrey, de nuevo, realizó un gran partido. MAURICIO PEÑA
César F. Buitrón / León
El Baloncesto León logró una victoria de prestigio frente a un gran equipo cacereño que comanda Gustavo Aranzana. Un triunfo que se fraguó en cuatro minutos finales casi perfectos de los leoneses que les sirvieron para romper 36 minutos de igualdad y lograr una victoria que festejó la grada leonesa como en las grandes ocasiones.
El de ayer era un partido de alicientes. Enfrente estaba uno de los mejores equipos de la LEB y en su banquillo, nada menos que Aranzana, el técnico que ha guiado al club que preside Joaquín Rodríguez a sus dos históricos ascensos a la Liga ACB. Sea por una cosa, por otra o por las dos, la realidad esque se notó en la grada que era un partido especial. La mejor entrada de la temporada y un ambiente como el de la temporada del último ascenso.
El partido salía con nervio, de ésos que gustan a la afición. Con los dos equipos sin esconder nada, con ataques rápidos, sin especular. En esa guerra el primero que daba era el León, que contaba con la inspiración de Urtasun y Schraeder desde más allá del arco de tres puntos. Los triples de los tiradores leoneses daban las primeras ventajas a al Baloncesto León frente a un equipo de Gustavo Aranzana que capeaba como podía el primer arreón local.
El paso de los minutos permitió al Cáceres asentarse en la cancha. Angulo se convertía en la referencia de la escuadra cacereña y entre él y el pívot Holcomb, un jugador que si no tuviera la muñeca de madera, por físico podría ser un jugador de ACB, iban limando las ventajas leonesas que al llegarse al final del primer acto se había quedado reducida a un solo punto.
Eran minutos de apagón de la escuadra de Javier de Grado y de inspiración de la de su maestro Aranzana. Un parcial de 0-9 para los visitantes a caballo de los dos primeros cuartos daba al Cáceres una ventaja de siete tantos que preocupaba a la grada.
No iba a pasar a mayores porque la entrada en escena de Rick Hughes después de cuatro partidos ausente por lesión iba a frenar la sangría que estaba haciendo el equipo extremeño.
Hughes enseñó el camino a sus compañeros, pero el estadounidense no estaba ayer para mucho más de dejar unos destellos de su clase, para mostrar unas ráfagas de buen juego. Necesitaba un socio y lo encontró en Álex Urtasun. El navarro fue el jugador que casi siempre es cuando pisa el municipal leonés. Letal desde el perímetro e incisivo en sus entradas a canasta. Su acierto le permitió al León volver a recuperar el mando en el marcador y si al descanso no se fueron con ventaja los de Javier de Grado fue porque Francis Sánchez anotaba un triple desde su campo sobre la bocina del final del segundo parcial.
El León era, por primera vez en la temporada, el que planteaba De Grado antes de arrancar la liga, un equipo rápido, con un juego directo y que buscaba la canasta cada vez que veía un hueco sin importarle que en el reloj de los 24 segundos quedaran 20 por disputarse.
Por primera vez desde el partido que abrió la temporada, De Grado contaba con toda su plantilla lista para la batalla. Por primera vez en León podía colocar a su ‘cinco’ de gala. Lo hizo en el arranque de un tercer cuarto que se planteaba como los anteriores, con los dos partidos alternándose en el mando del tanteador.
Angulo parecía el único que podía mantener a raya a Urtasun, pero el relevo del navarro lo tomaba la pareja interior para dar unas ventajas al cuadro leonés que oscilaban entre los cuatro y siete puntos. Eran instantes de dudas en ataque en los dos equipos que al ver acercarse la hora de la verdad parecían haberse puesto de acuerdo para aumentar su exigencia defensiva. Ni León ni Cáceres anotaban con la fluidez del primer cuarto y eso llevó el duelo a los diez últimos minutos con un 55-54 en el marcador que dejaba las espadas en alto para el embalaje final del choque.
Estaba claro que el equipo que primero enlazara una buena racha de cara al aro rival se iba a llevar la victoria. Humphrey era el jugador al que todos buscaban en el Baloncesto León. Un gancho imposible y un triple del estadounidense dieron al León una renta de cinco puntos (59-54) que obligaba a Aranzana a parar el partido.
El León seguía por delante, pero sin romper un partido que estaba claro que iba a ganar el equipo que se mantuviera más tranquilo en los minutos finales. Pero nadie parecía estar tranquilo en un duelo que enloquecía por momentos con los dos equipos perdiendo más balones en esos minutos que en el resto del encuentro.
Tuvieron que ser las dos estrellas leonesas de la noche, Urtasun y Humphrey las que se echaran el equipo a sus espaldas para llevarlo a la victoria. Con once puntos de ventaja (71-60) y sólo dos minutos por disputarse el equipo local no podía perder. No lo hizo porque, además, la defensa de la escuadra de De Grado en esa recta final rozó la perfección para delirio de una grada leonesa que ya no discute a su entrenador y que vuelve a estar a muerte con su equipo.