Hace unos diez años, Izquierda Unida de Castilla y León organizó unas jornadas de estudio sobre el futuro del sector del azúcar y la remolacha en nuestra comunidad. Nuestro compañero Salvador Jové, a la sazón europarlamentario en la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, hizo un diagnóstico que el tiempo ha confirmado: el sector de la remolacha y el azúcar se vería abocado a un pronto desmantelamiento en Castilla y León por razón de la lógica implacable del neoliberalismo global. Asistieron a dichas jornadas empresarios del sector, organizaciones agrarias y fuerzas políticas. Todos ellos rechazaron semejante pronóstico. Recuerdo en particular la intervención del representante de Asaja, quien enfatizó que el sector remolachero era el mejor adaptado a las exigencias del mercado y que los agricultores de Castilla y León no le temían al “libre mercado”, sino que confiaban ciegamente en él para seguir prosperando.
La semana pasada los agricultores de todo el país se manifestaban para hacer pública su inminente ruina. Exigían al Gobierno de Rodríguez Zapatero que presionase a Bruselas para que las ayudas de la PAC (subvenciones a contrapelo de la teoría neoliberal) se prolongaran indefinidamente en el tiempo. El campo castellano y leonés, vivero fiel de votantes del Partido Popular, defensores directos, por lo tanto, de las políticas económicas neoliberales que ahora les abocan a la ruina, parece ignorar quién gobierna en Bruselas desde hace décadas. Al frente de la Comisión se encuentra el portugués Barroso, la cuarta pata de la foto de las Azores, un neoliberal radical. Su política lleva a desmantelar la pequeña y mediana explotación agrícola en beneficio de grandes terratenientes monopolísticos, futuro ineludible de la agricultura europea en manos de las políticas del Partido Popular Europeo.
Cabe preguntar a las organizaciones agrícolas si han puesto remedio a los abusos de la distribución monopolística organizando, por ejemplo, sus propias cooperativas de distribución que rompan el círculo vicioso que les ahoga. Me temo que puede más el individualismo conservador y receloso de nuestros agricultores. No hay más que recordar que a la dictadura franquista le costó vencer las resistencias a los planes de concentración que facilitaron la implantación de la agricultura extensiva en los años sesenta. Nuestro campo prefiere hundirse antes que confiar en sus iguales. Pero ya es demasiado tarde. El “libre mercado” del Partido Popular se come nuestro campo.
José María González Suárez es coordinador de IU-CyL