UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS

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El gato negro siempre tuvo mal fario entre quienes tienen tiempo de preocuparse de estas cosas. ¿Alguien cree que se va a fijar nadie en el color de los gatos que miran desde la ventana pudiendo admirar los destellos de pintura con la bandera de España de la fachada?, ¿alguien cree que le puede preocupar al dueño de esta casa el color de los gatos que descansan en la ventana, puede tener dudas de que tanto si son blancos como negros, incluso los pintos, harán juego con el conjunto?, ¿pueden incluso los más supersticiosos pensar que el mal fario de todos los integrantes de esta estampa rural puede venir por el tranquilo gato que mira sin miedo al objetivo del fotógrafo que le dispara? No lo creo, más bien parece imposible, pero si para alguien fuera motivo de alarma la mirada de este gato negro la propia estampa rural le ofrece al viajero asustado dos posibilidades de huida, sidra en Asturias o callos en León. Habría que acabar con la leyenda negra de los gatos negros, aunque sólo fuera por haberle dado argumento a Poe para uno de sus más bellos cuentos. Bien merece que le levanten el castigo a alguien que inspira a quien hizo compatibles las armas y las letras y reconoció que “mi vida ha sido capricho y mofa de las cosas de este mundo”. Incluidos los gatos negros. |
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