Rey Lear edita ‘Surfing on the Third Wawe’, la ácida crónica de la actual sociedad postindustrial según el dibujante leonés
Una de las secuencias de una de las historias del nuevo libro de Miguel Ángel Martín, ‘Surfing on the Third Wawe’, en las que no evita ninguno de sus temas habituales: sexo, violencia.
Fulgencio Fernández / León
El dibujante leonés Miguel Ángel Martín lo ha repetido una y mil veces: ‘‘Cuento lo que ocurre cada día. No soy más violento que la sociedad actual, ni mucho menos, ni más aberrante, ni más necrófilo, ni nada... Lo que ocurre es que hay mucho cinismo y cuando en el telediario cuentan una historia de terror y crueldad, real, añaden el calificativo de inhumana. ¿Cómo que inhumana?, si la perpetró alguien que hasta media hora antes era un ciudadano incluso ejemplar. Lo que ocurre es que la verdad molesta, la libertad de expresión está a la baja y la censura es cada vez más salvaje. Lo políticamente correcto es una sutil y mezquina forma de neofascismo, que incluso, y, a veces, sobre todo, están propugnando y defiendo gentuza que se autoproclaman como de izquierdas’’ .
Siempre ha tenido las ideas muy claras, aunque ha veces le haya costado caro, como cuando en 1995 la edición italiana de Psychopathia sexualis fue sucuestrado en imprenta por la Procura de Cremona bajo la acusación de ‘‘inducción al homicidio, el suicidio y la pederasti’’, aunque después el veredicto de los tribunales fue de ausencia de culpabilidad.
Miguel Ángel Martín nos acaba de entregar otra de sus obras, editada en esta ocasión por el también leonés Jesús Egido en su editorial Rey Lear. Es ‘Surfing on the Third Wawe’, un viaje ‘‘por el océano oleaginoso de la sociedad postidustrial, una crónica implacable del nuevo mundo que nos rodea’’. Según Jesús Palacios en el prólogo ‘‘en un mundo sin Dios, esta obra es la Nueva Biblia que necesitamos para sobrevivir y aceptar que todos somos seres humanos’’. Egido, por su parte, señala: ‘‘Martín conoce y está dentro de todos y cada uno de sus personajes, los entiende sin empatizar con ellos, los comprende sin juzgarlos, y los deja actuar con la naturalidad con que lo harían en el mundo real’’.
En las obras de Martín, y en esta última especialmente, se respiran historias del mundo actual, que él sigue muy de cerca. ‘‘Me interesa mucho el mundo en que vivimos, al margen de que unas cosas me gusten y otras no. Las novedades en ciencia y tecnología me parecen fascinantes pero lo ‘digital’ no es incompatible con lo ‘analógico’. Por ejemplo yo sigo haciendo dibujos originales y sólo uso el ordenador e internet para enviarlos. Por supuesto, me burlo de todo, empezando por mí mismo. Que la gente se convierta o no en ‘electrodomésticos’ es decisión suya, es más fácil comportarse como ‘ganado’ (electrodomésticos) que tomar decisiones y asumir responsabilidades. Ser un ‘epsilón’ (la casta más matada del Mundo Feliz de Aldous Huxley) y consumir ‘Soma’ es muy cómodo. La tecnología facilita esas actitudes y comportamientos pero no los ha inventado. Internet parecía una herramienta de libertad o independencia, pero los productos que se descarga masivamente la gente de la red son básicamente la misma mierda que ya consumían antes. Las multinacionales no estaban tan equivocadas’’.
Detrás de las historias de Martín hay muchas lecturas, mucho sentido crítico, mucha creatividad. ‘‘La naturaleza humana no ha cambiado mucho desde Platón. La mediocre película Matrix (barata propaganda subliminal sionista) no es más que una actualización del mito de la Caverna de Platón. La gente vive en una cueva contemplando sus sombras en la pared y nadie quiere afrontar la realidad. Si alguien sale fuera y vuelve a contar lo que vio, le matan a hostias, como demuestra, o al menos muestra, la historia’’.
Esas ideas hechas dibujo, historietas, cómic, es lo que nos vuelve a ofrecer Miguel Ángel Martín.