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EDITORIAL /

El problema no es la huelga; es Gersul

Los efectos de la huelga de los trabajadores del Centro de Tratamiento de Residuos de San Román de la Vega, convocada para toda la semana que hoy se inicia, no se notarán de inmediato. Mientras no se bloqueen las plantas de transferencias repartidas por la provincia, los servicios de limpieza de los grandes municipios podrán seguir trabajando con cierta normalidad. El día que ya no puedan asumir más residuos, bien por el bloqueo de los piquetes o por completar su capacidad, el problema del consorcio que gestiona el CTR, Gersul, empezará a ser un grave problema para los ciudadanos, que se verán obligados a no sacar la basura de sus casas, como ya ha pedido el alcalde de Ponferrada. Por cierto, algo debería decir también el Ayuntamiento de León. Los trabajadores denuncian lo que consideran excesivo lucro de la empresa concesionaria y exigen una auditoría de las cuentas de los cuatro años que lleva en funcionamiento. Como Gersul se niega a mostrar a los medios de comunicación el centro, crecen también las dudas. Así, los trabajadores sostienen denuncias como que de los 30.000 kilogramos de basura que deberían entrar reciclados a la planta, apenas se alcanza la ridícula cifra de 3.000. El problema, y no es la primera vez que se dice desde esta tribuna, está adquiriendo tintes de escándalo precisamente por la opacidad y el secretismo con el que mueve todo lo relacionado con este centro, que supuso en su día un enorme avance y, sobre todo, la solución a un problema que parecía irresoluble, como era la gestión de las basuras que producían León y su alfoz, una vez cerrado el vertedero de Santovenia. La compleja historia de la gestación del CTR, con la dificultad de encontrar un lugar en el que construirlo, llevó en su momento al consenso total de las fuerzas políticas leonesas y a que la Diputación liderase todas las acciones para ponerlo en marcha. La presidenta de la Diputación ha sido precisamente la que ha destapado el escándalo al afirmar que había un auténtico agujero negro en la gestión y al proponer que los ayuntamientos asumiesen el cobro de las tasas, que ya habían provocado protestas y manifestaciones. La huelga de los trabajadores parece un capítulo más de una historia que está provocando un grave problema tras otro. Hasta ahora, los ciudadanos sólo protestaban ante Gersul por los altos recibos. A partir de hoy, la imagen puede ser los contenedores llenos de basura sin recoger. Gersul necesita dar un giro de 360º. Lo antes posible.

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