UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS

Acechando una |
El amanecer de las nevadas es uno de los espectáculos más bellos de la naturaleza. Si te levantas cuando la luz le va ganando espacio a la noche, antes de que ningún coche salga del garaje, podrás disfrutar de un horizonte absolutamente blanco, limpio, como jamás has visto. Un horizonte virgen que sólo rompe algunas pequeñas manchas rojas sobre la nieve, como inquietantes gotas de sangre. Son los pechos de los petirrojos, o los pájaros de la nieve, que buscan en el horizonte alguna ventana hasta la que volar, algún vecino que la abra y pose en el alféizar unas migas de pan. Si es en un pueblo, en la cocina de alguien que tenga gallinas en el corral, tal vez deje unos granos de trigo o cebada. Cuando avanza la mañana también descubrirás en algún tejado, juntas, a todas las palomas que habitualmente se te meten entre las piernas en cualquier acera o en la plaza. Saben que nadie en estos días de frío, ni los pobres, se sienta en un banco y saca del bolso de su abrigo unas migas de pan para echárselas, desafiando las ordenanzas municipales que han convertido esta estampa solidaria en un delito. Vigilan desde el tejado. Esperan que se abra una ventana y deje unas migas de pan. Tal vez un niño que les pose su bolsa de palomitas y disfrute de la cercanía del espectáculo. |
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