León, cuna de escritores, empiezaa saber qué hacer con sus legados
VICTORIANO CRÉMER. En la fotografía, el escritor leonés firmando de su puño y letra la cesión de su legado hace unos años. J.M. LÓPEZ
Manuel C. Cachafeiro / León
Antonio Pereira lo dejó preparado en vida. Durante los últimos años, ordenó todo su archivo: originales, cartas, manuscritos, cuadros... El pasado 21 de diciembre, el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, inauguró la sede de su fundación, en la Biblioteca Central del campus de Vegazana. Bajo la tutela de la Consejería de Cultura y Turismo y la Universidad de León, su objetivo será difundir la obra del escritor villafranquino.
En su sede ya se pueden ver los primeros papeles y algunos cuadros. Poco a poco, comenta el sobrino del escritor, Joaquín Otero, según lo considere su viuda Úrsula, irá llegando más material, tanto para su estudio como para su difusión.
El archivo de Crémer, fallecido también en 2009, está custodiado en la Fundación Carriegos, después de un convenio firmado en marzo de 2006 entre el Ayuntamiento de León, el escritor y esta institución privada. Su objetivo fue crear un Aula de Literatura. La Fundación Carriegos, en este caso, lo ha recibido en cesión.
“Pereira ordenó todos sus papeles, como Crémer, pero no es así en todos los casos”, explica Alejandro Valderas, una de las personas que mejor conoce el mundo de los archivos en León.
Y es que, aunque León sea la tierra natal de grandes escritores, muy poco ha hecho por conservar su memoria.
Cuando Valderas habla de que no es así en todos los casos lo dice por muchos otros legados que están lejos de León, como el de Panero, o simplemente que se desperdigaron por librerías y rastros, como el de José Aguado, al que sus familiares no prestaron gran atención. Ayer mismo, en el mercadillo de antigüedades de la calle Fernández Cadórniga, se podían encontrar algunos de sus escritos.
Astorga, una ciudad muy ligada al mundo de la literatura, está a punto de crear el primer gran archivo dedicado a la literatura leonesa. La Casa de los Panero, cuyas obras de remodelación están a punto de concluir, se convertirán en archivo de la llamada Escuela de Astorga. Sus promotores no sólo quieren conservar el legado de sus protagonistas —los hermanos Panero, Ricardo Gullón y Alonso Luengo—; también quieren que se convierta en una plataforma para promocionar una tierra donde siempre han interesado las letras. El Ayuntamiento de Astorgaha comprado fotos familiares de Panero y ha conseguido facsímiles de la Biblioteca de la Generación del 27, de Málaga, donde se encuentra el legado del escritor. El archivo se le ofreció a la Diputación de León hace 20 años por cuatro millones de las antiguas pesetas, pero sus responsables no lo quisieron. Allí, en tierras andaluzas, se conservajunto a otros archivos, como los de Francisco Giner de los Ríos, la documentación de María Teresa León y Rafael Alberti, o textos personales de Jorge Guillén.
Muchos escritores acumulan una gran documentación. Es el caso de Antonio Gamoneda, que nunca ha dado gran importancia estas cosas. En abril de 2007, sólo tres días después de recibir el Premio Cervantes, el poeta depositó en la “Caja de las Letras” del Instituto Cervantes un legado personal que permanecerá guardado bajo llave hasta el año 2032. La sede de la institución en Madrid está situada en un antiguo banco con cajas de seguridad. La de Gamoneda es la 1.001. “Los poetas somos profesionalmente pobres, así que no traigo joyas ni grandes cosas valiosas. Pero tenemos nuestros pequeños misterios, y algo de eso es lo que ha quedado encerrado”, dijo el escritor aquel día.
El Ministerio de Cultura ha respaldado recientemente una asociación de casas-museo de escritores.“Las cosas han cambiado. Las casas y fundaciones han desempolvado sus fondos, han modernizado sus instalaciones museísticas, han puesto al día la gestión de sus bibliotecas y archivos y se han profesionalizado”, explican desde esta entidad. De la treintena de instituciones que existen en España, sólo una se encuentra situada en Castilla y León, la de Miguel Unamuno, en Salamanca.
Muchos escritores, y no sólo de León, luchan contra el olvido. Es el caso de Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura. Desde 1995, una asociación intenta que su casa madrileña, en la calle Velintona, rebautizada con el nombre del escritor, se reconvierta en un centro de documentación y estudio de la poesía española del siglo XX. El poeta leonés Antonio Colinas se encuentra en la larga lista de escritores que han pedido que no se pierda: “No existe ningún otro lugar en el mundo en el que la casa de un poeta Premio Nobel haya sido sometida a tal grado de incomprensión; hecho quizá unido al desconocimiento en que ha caído su obra. Mal sintoniza, en verdad, la poesía cosmovisionaria de Aleixandre, su riqueza y fulgor, con las poéticas del simplismo, lo plano y lo hueco. Y volvemos a insistir en el extraordinario valor simbólico que posee la casa. Por ella pasaron no menos de cinco generaciones de poetas, desde la del 27 (con Lorca, Cernuda o Neruda), la del 36 (con Miguel Hernández entre los mejor acogidos), la de la inmediata posguerra (Montale, Quasimodo), la de los 50 (Claudio Rodríguez, Brines), y la de los Novísimos”.
La verdadera lucha de la memoria no es contra el olvido, sino contra la sensibilidad. Son demasiadas las pruebas.