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UNA IMAGEN Y 222 PALABRAS


Bar, tienda,
tablón,
hospedería, ojos...

El Camino de Santiago es la magia de lo imprevisto y de lo imprevisible. Igual encuentras el amor que a un japonés, tal vez te impulse la fe o piensas que allí es donde menos te va a buscar la Guardia Civil, lo mismo se te hinchan los pies que el corazón, tan pronto entiende tu inglés un lugareño que no sabe una palabra de ese idioma como no eres capaz de entender nada de lo que ocurre.

Todo un mundo que en este edificio jacobeo han retratado de manera desordenada en una pared. Allí presiden los ojos que todo lo ven, aquellos que en las enciclopedias representaban al mismísimo Dios en posición vigilante, pero muy humano, con nariz para respirar el aire del calentamiento global y boca para mantenerse en ese cielo azul que es una pared de Reliegos.

A su lado el mundo, la vida diaria de un pueblo tranquilo que a su vez es paso, Camino: Se habla francés, se habla inglés, bar lo pone en castellano pues no hay peregrino que no conozca esta palabra, hay tapas variadas, menús para caminantes hacia Compostela a precio muy asequible y seguramente alimenticio pues Obelix parece satisfecho... ¿más?

Es lo primero que encuentra el peregrino al llegar al pueblo ¿Qué pensará? El Camino es así.

Sólo falta que caiga otro meteorito.

df
Mauricio
Peña

Ful
Fulgencio
Fernández


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