UNA IMAGEN Y 212 PALABRAS

El extraño jardín |
Alija del Infantado ya se ha acostumbrado a que nadie escuche sus argumentos. Se hicieron famosos por ser, desde tierra adentro, patria de marineros y bien parece que las instituciones creen que sus vecinos siguen en alta mar. Por eso, sus gentes se han acostumbrado a hacer eternas sus quejas convirtiéndolas en imágenes para la posteridad, como si la vida fuera ese eterno carnaval que allí viven con tanta pasión, tan diferente a todos. Parecen condenados a que todo sea en aquel lugar una batalla entre los jurrus demoniacos y los birrias cristianos. Lo que ocurre es que la vida no es teatro y no son capaces de llevar a sus jurrus particulares a la hoguera de los malos recuerdos y poder, al fin, ser ciudadanos que han vuelto de alta mar y con derecho a médico y enfermera como los que viven en tierra. También mantienen otras costumbres, como la de los mayos, y la de escuchar a sus ancianos, dejarlos que se sienten en la plaza al sol y hacer caso de tanta sabiduría acumulada. Por eso los mayos de la residencia de ancianos, tan cuidados y evocadores, llevan escritos sus anhelos:“Deseo que tengas tiempo suficiente para escucharme sin prisa”. Ahí están, en su jardín, esperando que alguien les escuche. |
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