Sergio Sánchez, que acaba de alcanzar la cima del deporte mundial, empezó a correr para imitar a José Manuel García
César F. Buitrón / León
Era un día cualquiera de 1995. Sergio Sánchez aún no había cumplido los 13 años. Su padre jugaba un partido de fútbol sala en La Robla, pero Sergio aquel día prefirió sentarse en la grada de las pista de atletismo. Allí estaba entrenándose José Manuel García que entonces estaba en la cima de su carrera deportiva. El ‘príncipe’ de La Robla estaba haciendo una serie larga. Sergio lo miraba boquiabierto y contaba las vueltas que daba. Cuando José Manuel acabó de entrenar y recogió sus cosas Sergio entró en la pista y dio las mismas vueltas que quien desde aquel día iba a convertirse en su ídolo. En la pista estaba Pereira, ‘Morgan’, que se acercó a él para preguntarle quién era y animarle a hacer atletismo y a empezar a entrenarse con él. Ninguno de los tres podía imaginarse que 15 años después aquel niño de Ciñera iba a ser recordman europeo de 2.000 metros y uno de los atletas del momento. Un viaje de las pistas de La Robla a la cima del mundo en tres lustros intensos, llenos de historias de superación y de una fe sin límite en sus posibilidades. 15 años de altos y bajos. Una década y media de triunfos y esfuerzos para vivir una explosión que ha sorprendido a todos... salvo al atleta gordonés que no se para en lo que ha logrado y quiere ser el mejor del mundo, si es posible, esta misma temporada.
Hoy, Sergio Sánchez vive la cara amable del deporte. La del atleta que bate récords, que tiene que preocuparse de rechazar las ofertas menos ventajosas. Quizás todo se aprecia más cuando se ha vivido en el otro lado de la trinchera, llamando a puertas que sólo se abrían tímidamente para decirle que no había nada para él. Pero sus éxitos de este año no son fruto de una casualidad que no existen en su deporte, el atletismo, el deporte de los deportes. Detrás de sus éxitos hay unos años de entrenamientos y una calidad que derrochaba desde aquellas primeras carreras por las pista de La Robla donde empezó a forjarse primero junto a ‘Morgan’ y más tarde trabajando con su padre como entrenador.
Pronto destacó. Era el mejor de España de su generación. Como cadete, como juvenil y como júnior lo ganó todo en pista y en cross y se asomó a la selección española. De aquellos años quedan recuerdos imborrables. Como aquel oro en el Campeonato de España de Cross que se disputó en San Miguel del Camino en el que llegó extenuado a la meta, desmayado, como en las más heroicas estampas de la maratón olímpica.
El momento más delicado llegó al pasar a categoría senior. Se fue a entrenar a Soria con el técnico que llevó a la gloria a Fermín Cacho y Abel Antón. Sergio aún era un niño y la aventura fue fallida. Cogió las maletas y volvió a casa. Para cualquier otro habría sido el punto final, pero él es de otra pasta y lo que le dejó esa aventura en los bosques sorianos fue las ganas de rehabilitarse como atleta. De nuevo con su padre como mentor fue creciendo. Lento, pero seguro. Tardó un par de años en volver a ser el atleta pujante de sus comienzos. El tiempo que empleó en olvidarse del mediofondo, de coquetear un invierno con los obstáculos y subir su distancia a los 5.000 metros. Con ello llegaron sus éxitos. Su primera medalla en un Nacional. Su primera convocatoria para la selección española absoluta, su primer título en pista cubierta.
Atrás había quedado el chaval alocado que era capaz de correr tres carreras en una semana, que nunca decía que no a nadie. Como en aquel último ascenso de un equipo leonés a Primera División, el Universidad de León, en el que corrió los 1.500 y los 5.000 metros con apenas una hora de distancia entre las dos pruebas. Ganó una y fue segundo en la otra... porque se despistó al final y todo después de dormir más bien poco la noche anterior.
Sergio tenía un talento sobrenatural. Le faltaba encauzarlo. El punto de inflexión llegaría en la temporada 2008. Los Juegos Olímpicos se le escaparon por un suspiro, pero aquello, que para otro habría sido un nuevo bofetón para él fue un acicate más. El año pasado firmó un invierno soberbio. Era el preámbulo de lo que estaba por llegar. Ya estaba en la elite española y llamaba a las puertas de la mundial a la que ha entrado con una fuerza arrolladora.
Cuando era un chaval le llamaban el ‘Ciclón del Faedo’, la zona en la que endureció sus piernas y ensanchó un corazón superdotado, capaz de latir casi a 200 pulsaciones por minuto y bajar de las 40 en reposo. Este año ha pasado de ser el ‘Ciclón’ a ser el ‘Extraterrestre de Ciñera’. Nadie recuerda algo como lo que el leonés ha hecho este invierno. Lleva en forma desde principios de diciembre. Ha reinado en el cross y en Oviedo se doctoró batiendo el récord de Europa de 2.000 metros. Sólo un paso en el camino de lo que quiere conseguir. El ‘tope’ europeo de los 3.000 metros está en su punto de mira. Valencia parece que será su destino la semana próxima. Sergio no se conforma con menos. Él siempre quiere más. Ya no teme a nadie. Ni a Bekele, ni a nadie. Quiere ser el más grande. Como lo era José Manuel García hace 15 años. Hoy es él a quien miran otros niños que sueñan con imitarle. No es mal ejemplo.