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HISTORIA VIVA

Gaudí fue un desconocido

Una investigación prueba su paso casi incógnito por la ciudad de León

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Manuel C. Cachafeiro / León
Manuel Carriedo, todo un experto en documentación y archivos desde su atalaya de Caja España, ha realizado una pregunta todavía pendiente un siglo después.
Carriedo se ha preguntado en un interesante artículo publicado en la revista ‘Nuevas Iniciativas’ de Caja España qué conocimiento tenían los leoneses de finales del siglo XIX de Antonio Gaudí y cómo reaccionaron ante la singular construcción del edificio de Botines. Siempre que viajaba a León, el arquitecto catalán se hospedaba en casa de su amigo y paisano Cayetano Sentís, canónigo por más señas, que había nacido en Ruidoms, una localidad muy cercana a Reus, patria natal de Gaudí. Manuel Carriedo entiende que esas circunstancias, unidas a que eran visitas muy esporádicas, no pudieron favorecer “un especial conocimiento” por parte de los círculos sociales y periodísticos leoneses de la época.
León era entonces, a finales del siglo XIX, una pequeña ciudad de 14.000 habitantes. Ese desconocimiento se puede deducir de una pequeña noticia publicada en La Estafeta de León de 28 de octubre de 1891, donde se recoge la muerte del hermano de mayor de Cayetano Sentís. Nadie cita a Gaudí, ni el origen común de ambos. Días más tarde, al dar cuenta del proyecto del nuevo edificio que sería Botines, otro periódico, La Montaña, habla de las discrepancias urbanísticas entre el Ayuntamiento y la Diputación por la construcción del edificio en pleno centro de León, pero sólo anuncia que “los planos presentados por los señores Fernández y Andrés —se refiere a los dos comerciantes que encargaron Botines, Simón Fernández Fernández y Mariano Andrés González-Luna— responden “a un gran pensamiento y gusto arquitectónico”. Pero para nada habla tampoco de Gaudí.
A priori, Gaudí no tenía que ser un completo desconocimiento, porque ya llevaba varios años trabajando en Astorga. Aunque se conserva muy poco material periodístico del año 1892, según los biógrafos del arquitecto catalán, Gaudí se encontró en León con “ciertos recelos profesionales, más bien consecuencia de la actitud tangencial del propio maestro catalán con relación a los círculos sociales leoneses y del hecho de que la totalidad de los operarios e industriales que intervenían en su obra fuesen también catalanes”, según se sabe gracias a los manuscritos que aparecieron en el interior de la estatua de San Jorge que preside la entrada principal de Botines.
Biógrafos como Martinell escribieron también sobre el tema: “Algunos ingenieros divulgaron por cafés y tertulias que la cimentación estaba muy mal hecha” por no haber empleado, según palabras del propio Gaudí, “pilotes, martinetes y otras tonterías”. Hasta se dio cuenta en la prensa local de un hundimiento durante su construcción. Pero ni una línea del maestro catalán.
Año y medio después del inicio de la obra, y ante una nueva noticia necrológica, la muerte del arquitecto provincial, Francisco Blanch Pons, emparentado con Gaudí, tampoco se le cita.
Tendrían que pasar todavía varios meses para que, por primera vez, se escribiera el nombre de Antonio Gaudí en un periódico leonés. Fue tres días después de la muerte de Juan Bautista Grau —el obispo asturiciense que encargó la obra del palacio episcopal de Astorga al arquitecto catalán—cuando, el 26 de septiembre de 1893, se cita en el periódico La Provincia que el cuerpo del prelado ha recibido sepultura en un “sencillo y hermoso cenotafio labrado bajo la dirección del inteligente arquitecto Sr. Gaudí”.
En Astorga, según sostiene Manuel Carriedo, se le conocía ya entonces. Sin embargo, su presencia en León, en una obra tan importante, seguía pasando inadvertida, pese a contar con la amistad de relevantes vecinos como el canónigo Sentís, el arquitecto Blanch o el propio Mariano Andrés, el promotor de la obra de Botines. La prensa leonesa se hacía eco entonces de las idas y venidas en ferrocarril de personajes ligados a la ciudad: comerciantes, aristócratas, escritores…. Pero no de Gaudí. “Cuando terminó la construcción leonesa, hacía ya 15 años que nuestro maestro había acabado su carrera, y diez desde que se había hecho cargo de las obras de la Sagrada Familia de Barcelona. Y aunque su labor en León siempre fue respetada —añade Carriedo en su meticulosa investigación— su persona aún tardará años en adquirir en León el renombre que hoy parece tan natural”.
Para sostener su teoría, la investigación de Carriedo también da cuenta de algunas obras literarias de la época, como la ‘Guía del viajero en León y provincia’, de Policarpo Mingote y Tarazona, publicada antes de 1900. Habla de Botines pero no de Gaudí: “León se encuentra algo atrasado en lo que al desarrollo urbano se refiere —dice textualmente al citar la actual sede de Caja España—, pero hacemos constar con gusto que, de poco tiempo a esta parte, comienzan nuevas construcciones (...) entre ellas merecen especial cita el edificio donde se instalan los almacenes...”. Se refiere a Botines, pero de nuevo, ni una sola línea de Gaudí. Quien lo diría cuando sus obras son hoy un lujo para León y Astorga.

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