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PATRIMONIO

La herida abierta de la muralla

El último temporal deja daños en el patrimonio leonés. La calle Carreras es su máxima expresión

En la foto superior, vista de la calle Carreras y de la muralla con la valla puesta en los últimos días. Abajo, la zona más dañada.

Manuel C. Cachafeiro / León
La muralla de León tiene una nueva herida. Más bien, es una cicatriz que no tiene cura. Las señales de alarma han vuelto a saltar en el milenario monumento leonés en su punto más crítico: la calle Carreras, entre el Espolón y la carretera de los Cubos. El Ayuntamiento de León se ha visto obligado a vallar la zona para evitar males mayores. El duro invierno no sólo ha hecho estragos con los baches. Los viejos testigos de la historia también se resienten. En los últimos días varios cantos han caído desde lo más alto poniendo en peligro a viandantes y conductores.
El mal, en este caso, no es sólo la nieve y las bajas temperaturas. La muralla también sufre el mal de la piedra en su base, como se puede apreciar a simple vista, y el paso de miles de coches a diario. Desde hace muchos años, el monumento pide a gritos la peatonalización de este punto crítico de su recorrido. Se trataría de completar la denominada Ronda Interior en su acceso desde la Palomera hasta la plaza del Espolón, abriendo una nueva calle. Eso implicaría eliminar el actual tráfico desde el Ejido por la carretera de los Cubos y la calle Carreras. El convenio para desarrollar urbanística mente el antiguo cuartel de Almansa contempla la venta de 379 viviendas protegidas. Parte del dinero de su venta está previsto que se destino a la demolición y urbanización de esa nueva vía de acceso al centro por las calles Fernando I y Alfonso el Justiciero. El Ayuntamiento ha dado algunos pasos, como la desafección como suelo militar de 31.000 metros cuadrados del viejo cuartel y el planeamiento para desarrollar la zona, pero depende del Ministerio de Defensa y el organismo público de gestión de suelo Sepes para lograr la financiación. A día de hoy, según fuentes municipales, no existe otra alternativa, por lo que, mientras no exista un potencial mercado inmobiliario para Almansa, no se podrá llevar a cabo una obra vital para la conservación de la muralla.
Aunque fue polémico, el cierre al tráfico de la calle Ancha, con todo lo que llevaba de incomunicación para el barrio del Ejido, supuso un gran avance para una mejor conservación del patrimonio leonés. De aquella operación, bajo mandato de Amilivia, se benefició la Catedral y una parte de la carretera de los Cubos. Sin embargo, para el resto del recinto amurallado, incluido el cubo donde está apareciendo ahora una interesante colección de lápidas, habrá que esperar.
Después de la restauración del cubo de las Clarisas, en la carretera de los Cubos, y del arco de la cárcel, que afectó también a una pequeña parte del lienzo de la calle Carreras, la zona ahora vallada se ha convertido en la gran asignatura pendiente.
La muralla de León, según los últimos estudios, cuenta todavía con seis puntos críticos. Además de la calle Carreras, están en mal estado la zona de la calle Ruiz Salazar, en pleno centro de León y con evidentes signos de abandono, paralizada además por una petición para construir una casa adosada a la muralla; otro cubo en la calle Azabachería que ha sido restaurado en parte con las obras del palacio del Conde Luna; y los de la calle Serradores, con casas adosadas también. Una situación a la que se añaden varios tramos de la cerca medieval.

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