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EL COLUMNISTA INVITADO / José Álvarez Guerra

París-Dakar

Mira que hace ahora tres años, tres, que escribía una columna que titulaba ‘Diálogos para besugos’, y no me puedo resistir a reproducir un párrafo, precisamente en el que lo empezaba:
– Pues verá, yo venía por lo de la cruz de Michaisa.
– Querrá decir el cruce de Michaisa.
– Sí, eso también, pero me refiero a la cruz de pasar por allí a diario.
– Ya, penitencias que ha de llevar uno.
La solución estará próxima, pero es que incluso ahora, como si fuera una venganza, como si fuera un último estertor de una película de terror, hemos pasado de la cruz al martirio.
Bienaventurados los que no tienen que ir obligatoriamente por allí, porque de ellos será el conducir tranquilos.
Desde que se inauguró la ronda sur, el que suscribe no lo volvió a pasar salvo en contadísimas ocasiones, solamente si no quedaba otro remedio, pero, mira por donde hace un par de días hube de ir a un funeral en la capilla del colegio de los Agustinos, y, como en el cuplé que cantaba Sara Montiel, “nunca lo hiciera, que aquella tarde, de sentimiento creí morir”.
En un primer intento, saliendo de Guzmán hacia la plaza de toros, me vi en la ronda sur. Vuelta atrás y segundo intento por la estación al paso a nivel del Crucero, previo giro en la rotonda del Crucero y retroceso por Doctor Fleming adelante hasta, ¡Oh cielos! la glorieta de Michaisa, para verme enviado por la avenida de Antibióticos caminito de Benavente. Frenazo, giro más o menos arriesgado, e inmersión en las calles de Armunia, huida hacia adelante por la plaza de la iglesia en busca del Parque Tecnológico, marcha campo a través y, al fin, el semáforo que da acceso a la carretera de Alfageme. La meta estaba a la vista.
Por supuesto que el avezado e inteligente lector se habrá percatado que, a esas horas, ya había llegado tarde al funeral, aunque, eso sí, había salvado la honra haciéndolo antes del ‘ite misa est’.
Y es que ahora entiendo yo a los del París-Dakar, y mucho más si, por un casual, en lugar de haber empezado la aventura en Guzmán lo hubiera hecho en el cruce de Alcalde Miguel Castaño con Fernández Ladreda ¿verdad?
Oración final:
Virgen del Camino, que no se paren las obras, que no surja un problema imprevisto, que no se acaben los fondos y que la empresa adjudicataria goce de toda la salud financiera del mundo, porque sería ya lo último que nos faltaba.
José Álvarez Guerra es arquitecto

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