Las Cortes de Castilla y León han distinguido a la colegiata con la Medalla de Oro
Una vista del claustro de San Isidoro que alberga tras su última reforma la Casa de la Espiritualidad. MAURICIO PEÑA
S. Gallo / Ical / León
La Real Colegiata de San Isidoro, y más concretamente su claustro, está considerada como la sede en la que se celebraron las primeras Cortes parlamentarias de Europa, hecho que ha provocado que las Cortes de Castilla y León hayan distinguido al lugar con la Medalla de Oro del Parlamento autonómico, una distinción que se entregará el próximo 25 de febrero, con motivo del XXVII Aniversario del Estatuto de Autonomía.
Las Cortes, que se reunieron por primera vez en 1188 en este referente del arte románico, estaban constituidas por tres estamentos que eran los privilegiados, entre los que se encontraban el clero y la nobleza, y los no privilegiados, grupo en el que se situaban los representantes de las ciudades, según recogió el profesor Julio Valdeón, en la obra ‘Las Cortes de Castilla y León. Sitios y lugares de celebración’, coordinada por Juan Carlos Elorza, donde realizó un pormenorizado repaso de los lugares en los que se celebraron las sesiones parlamentarias.
Las Cortes de León reconocieron la inviolabilidad del domicilio, del correo, la necesidad del Rey de convocar Cortes para hacer la guerra o declarar la paz y se garantizaron numerosos derechos individuales y colectivos. Además de ampliar los Fueros de Alfonso V de León del año 1020, promulgaron nuevas leyes destinadas a proteger a los ciudadanos y sus bienes contra los abusos y arbitrariedades del poder de los nobles, del clero y del propio rey. Este conjunto de decretos se calificó como la Carta Magna Leonesa.
Hoy son pocos lo que conocen este hecho histórico, así como los orígenes de la que fuera considerada la primera de las siete maravillas del románico español. Data de finales del siglo X, concretamente del año 966, cuando el rey Sancho el Craso, hijo de Ramiro II, levantó un monasterio en el que albergar los restos del niño mártir de Córdoba, San Pelayo. La hermana de Sancho, la monja Elvira Ramírez, se trasladó con su comunidad al nuevo monasterio, pero ante la irrupción de los ejércitos de Almanzor, las monjas tuvieron que buscar refugio en Oviedo. El monasterio leonés de San Pelayo resultó arrasado por las tropas árabes.
Alfonso V El Noble hizo reconstruir el edificio a partir de materiales pobres, como barro y ladrillo, y de nuevo se estableció en su interior una comunidad de monjas, que se encargaba de cuidar el cementerio real al que el rey había trasladado los huesos de sus antecesores, los reyes leoneses, dispersos por diferentes iglesias del reino. Su hija Doña Sancha y su esposo Fernando I, primer Rey de León y Castilla, reedificaron un nuevo templo sobre los antiguos cimientos, y sustituyeron el templo de tapiales por otro de piedra, con el que irrumpió el arte románico en sus reinos.
A este nuevo templo se trasladaron desde Sevilla y Ávila las reliquias de San Isidoro y San Vicente, lo que hizo que el templo comenzara a cobrar relevancia. En 1063 fue consagrada la iglesia y reformada de nuevo. Se amplió a finales del siglo XI y también a finales del siglo XII, por Doña Sancha, hija de Fernando I. Se hicieron espléndidas donaciones al templo en joyas y ornamentos litúrgicos que todavía hoy pueden contemplarse y que se conoce como el Tesoro de León. El templo fue consagrado en el año 1149.
Después de que las Cortes de Castilla y León aprobaran el día 4 por unanimidad la concesión de la Medalla de Oro de las Cortes de Castilla y León a la Real Colegiata de San Isidoro de León, sede de las primeras Cortes parlamentarias de Europa, su abad, Francisco Rodríguez, se ha mostrado muy contento con ese reconocimiento. “Ha sido una sorpresa totalmente inesperada”, explicó, al tiempo que reconoció que tiene que ser un motivo “de orgullo” especialmente para los leoneses.
Francisco Rodríguez añadió que “de ninguna manera” se imaginaban este reconocimiento a la Real Colegiata que se ha recibido como “una sorpresa muy agradable” y que permite recordar lo que “a lo largo de tantos siglos” ha significado para el pueblo de León “y también para nuestra autonomía y para el mundo entero”, ya que la Colegiata recibe cada día a cientos de visitantes.
Aunque dijo desconocer los motivos exactos para este nombramiento, el abad de San Isidoro consideró que la razón “más poderosa” fue que se trató del lugar que albergó las primeras Cortes democráticas. “La noticia nos ha llegado como un chaparrón de verano y no hemos sabido reaccionar”, añadió.
El abad de San Isidoro agradeció, por último, el reconocimiento porque reconoció su sentimiento hacia la institución. “Es una institución a la que quiero tanto y a la que debo tantas cosas”, añadió.
El acto de entrega de la Medalla tendrá lugar el próximo día 25 de febrero, con motivo del XXVII Aniversario del Estatuto de Autonomía.