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UNA IMAGEN Y 212 PALABRAS


La impotencia de los invisibles

Es muy duro que tu pueblo sólo salga en los periódicos por las desgracias, por los sucesos, por las tristes ausencias. Es muy duro que a sus gentes nadie las escuche (salvo la habitual visita de cada cuatro años) porque a fin de cuentas no son más que un puñado de votos, sus desvelos no son los que ocupan las tertulias, en su olvido no es donde se juegan nuestros políticos sus escaños, sueldos y demás prebendas inherentes a su condición de padres de la patria o de madres de la provincia.

Es muy frustrante que a tus alcaldes y presidentes de la Junta Vecinal nadie les quiera escuchar porque no son de la Ejecutiva, ni diputadillos o diputados... Es muy dura la impotencia de los invisibles.

Es muy duro el silencio al que condenan a los que consideran corderos.

Alija fue noticia porque su libro de bautismos acogió a más marinos que ningún otro pueblo de tierra adentro y que muchos de la costa. La anécdota gozó de muchas páginas, visitas, muchas promesas.

Pero cuando los marinos volvieron a tierra se encontraron sin médicos y sin ambulancias, con unas tiritas para las hemorragias. Y sus protestas sufrieron la impotencia de los invisibles.

Impotencia que convirtieron en un monumento a la desazón.

df
Mauricio
Peña

Ful
Fulgencio
Fernández


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