UNA IMAGEN Y 222 PALABRAS

Una guardería con camarero |
Los bares de los pequeños pueblos de nuestra provincia y las guarderías son el último remanso de paz, los últimos reductos frente a un mundo en permanente discusión, en eterna divergencia, en enfrentamientos por el fútbol, la política, los bancos o por nada... Todavía quedan bares en los que después de escuchar el tiempo se pasa al documental y se disfruta igual con las andanzas del buitre que con las panzadas de carroña que se meten hienas, leones o mapaches. Todo ello mientras se juega la partida, mientras los contendientes también preparan su banquete de honor acechando al tres de su rival. Todavía quedan bares que también son guarderías, que los chavales encuentran entre sus mesas, en su televisión y en la estantería de las chuches el mejor entretenimiento para hacer llevaderas las frías tardes de invierno en las que no se puede descolgar el triciclo del viejo desván. Entre las mesas del bar campan a sus anchas, sin molestar a nadie, que no hay pueblo decente en el que sea un estorbo el único niño que refresca las vivencias casi olvidadas de tantos jubilados al sol. Por eso, cuando el niño tiene que marchar a merendar, a que su madre lo bañe u otras faenas de su edad deja a su muñeca vigilando para que nadie profane aquel remanso de paz. |
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