El casco viejo de la ciudad volvió a acoger y a arropar la tradición de Las Marzas
Los ‘rondadores’ recibieron el permiso para iniciar la ronda. Después ya siguieron solos. SECUNDINO PÉREZ
F. Fernández / León
A las ocho y media en punto se concentraron en la plaza del Ayuntamiento para pedir la venia (“Con la licencia de Dios. / Y de las autoridades. / Queremos cantar la ronda. / Sin causar perjuicio a nadie”), que obtuvieron, y acto seguido salió la larga comitiva. Los históricos Dulzaineros de la Ribera y los estandartes abrían la marcha, las gentes de Aguzo cantan y bailan y los leoneses se fueron sumando a esta fiesta tan suya, a este rito de fuego y música en la primera luna del año agrícola que en esta ocasión pregonó Margarita Torres. Una cita, por cierto, especial pues era el décimo año que los de Aguzo convocaban a los leoneses a recuperar una tradición, una ronda.
Y los leoneses respondieron. Recibieron a la comitiva, cantaron y bailaron con ellos por las calles más emblemáticas de la ciudad, les acompañaron hasta la plaza y allí, como mandan los cánones, alrededor del fuego comieron, bebieron, cantaron, bailaron... ¿Quién da más?