Las desigualdades educativas no tienen su origen en el sistema educativo, pero se pueden agravar en él”. No recuerdo a quién escuché por primera vez esta rotunda afirmación, pero sí, que desde entonces, y de eso hace ya bastante tiempo, la vida me ha dado la oportunidad de ir comprobando día a día su cruda y lamentable vigencia.
Debe ser por tener sentencias como esta grabadas a fuego en el subconsciente por lo que siempre que se producen noticias en materia educativa –la educación es junto con la sanidad uno de los pilares del Estado, o, cuando menos, de mi Estado–, salta en mi un resorte que me pone en alerta. En esta ocasión, a la vez que se denunciaba que la Junta estaba convirtiendo en “guetos” determinados colegios de la ciudad, al concentrar en ellos a los niños con necesidades educativas especiales, nos invitaba a realizar un simple ejercicio: pasear por la avenida de las Huertas del Sacramento y su entorno, donde se concentran dos colegios públicos y dos privados. ¡¡¡Háganlo, es realmente clarificador!!!
Si el Estado aprobó en mayo de 2006 una Ley Orgánica que debía garantizar la “dispersión equitativa del alumnado”, con un claro y plausible objetivo: fomentar la integración a través de la Educación, la respuesta de la Junta de Castilla y León, con competencias en Educación, ha sido la de abortar este loable fin con una mala praxis de esta Ley: los niños con necesidades educativas especiales sólo acuden a los centros que tienen profesorado cualificado, y contratado por la Junta, para atender esas necesidades.
Frente a nuestros postulados de que los colegios deben ser instrumentos para eliminar desigualdades sociales (ahí incluiríamos nuestra apuesta decidida de incrementar las becas), del PP estamos viendo sus formas de comportarse donde tiene mando en plaza. Por un lado cargan contra los “ordenadores de ZP” para los alumnos, por otro se echan a las trincheras contra la asignatura Educación para la Ciudadanía, y en todos los lados, llaman a arrebato contra la supresión de los crucifijos en las aulas.
En definitiva, cortinas de humo para tapar una realidad sangrante: su concepción elitista de la educación. Una aplicación práctica de aquél que dijo: “mientras todos se fijan en mi bigote, yo hago lo que quiero detrás de él”. Alguien que también se caracterizó por hacer de la discriminación una de sus banderas.
Aníbal Merayo es secretario general de la Agrupación Socialista de Ponferrada