Hemos conocido en estos días la sentencia que considera nula la modificación del IBI del año 2008. La prisa en su aprobación impidió cumplir los plazos de publicación preceptiva y también los que tiene establecidos el BOP para las publicaciones urgentes, como al parecer era ésta. Eso implica que según prometiera en su día el jefe de la casa de Poridad, el Ayuntamiento tiene que devolver los recibos a todos los ciudadanos que lo hubieran pagado.
Enorme charco en el que se han metido con este tema por mucho que ahora se quiera echar la culpa a otro se hizo mal y como decimos en esta tierra “a caga prisa”. Las decisiones que se anuncian sólo van dirigidas a ganar tiempo y a ver si la cosa con un poco de suerte se la come otro. Un auténtico charco.
En otro orden de cosas el otro día escribía en esta misma columna que si queríamos todos saldríamos de esto, pero claro hablaba de todos. Si todo el mundo no pone de su parte, y los listillos y pícaros de siempre pretenden llevarse el gato al agua mal vamos.
Este es un país de pícaros y de algún jeta que otro y por eso somos tan distintos al resto de los países de Europa. Eso nos lastra porque la mayoría en este país es gente seria y formal.
Mientras todo esto ocurre el Gobierno sigue sin dar señales de nada, y reaccionando tarde porque ahora se limita a la autoinculpación en los cuatro millones de parados cuando lo que quiere la mayoría es que se actúe, que no se suban los impuestos, que se reactive la economía y que se actúe con responsabilidad y sin el miedo que se demuestra a perder el poder.
Últimamente me he desconectado de todo debate al que acuden los intelectuales filosocialistas porque no dejo de oír estupideces de gente que se presume inteligente, y culta. Que no es fácil la solución ya lo sabemos pero para llegar a ella hay que ponerse y tomarlo con interés. Acudir a los recursos fáciles de la demagogia y culpar a Aznar también de esto no es justo, y además es intelectualmente guarro. Seis años de gobierno son suficientes para haber tenido visión de futuro. Esa falta de visión es la que nos ha llevado a todos al charco, y en un charco es difícil nadar.