El equipo leonés roza la perfección ante el Ciudad Real y llega a la final con una gran defensa
Doder, elegido el mejor jugador de la semifinal, muestra su alegría tras lograr la victoria ante el Ciudad Real. REPORTAJE GRÁFICO DE M. PEÑA (E. ESPECIAL)
Jorge Callado / Antequera
El Ademar está en la final. Incuestionable y con todos los méritos del mundo. El equipo leonés ha realizado un partido casi perfecto y lograba acabar con todo un Ciudad Real que no estuvo a la altura de un rival infinitamente superior. El equipo leonés ha devuelto la ilusión a los suyos con un partido para enmarcar.
El torneo iba cumpliendo con la lógica. No había saltado la sorpresa y el equipo leonés entraba en la cancha con ese gran objetivo. Enfrente el todopoderoso Ciudad Real que no ha perdido ni un solo partido en la Liga y ni uno en Champions. Ése era el rival al que había que batir y para eso, además de intensidad y garra hacía falta otro factor determinante, corazón.
Y el Fernando Argüelles comenzó a quedarse atónito. El Ademar salía como nunca y ofrecía una versión intratable, hasta tal punto, que los manchegos se quedaron desde el principio sin argumento. Este equipo estaba dando todo un recital. Un equipo de otra galaxia.
Un dato, el Ciudad Real marcó un gol de jugada (los otros dos, fueron de 7 metros) en 24 minutos. Algo que dejaba muy claro lo que se estaba viviendo en Antequera.
Los de Ribera seguían sumando y aumentado la diferencia hasta tal punto que Dujshebaev se vio obligado a pedir tiempo muerto a los 14 minutos de juego. Nada apuntaba bien para los manchegos y todo salía a la perfección en el equipo leonés. Pasaban los minutos y nadie se lo creía. Goliat se estaba arrodillando ante la casta de un David que estaba mostrando todo un espectáculo.
Se llegaba al descanso con una ventaja de siete goles (15-8) y ya se soñaba con la final, pero quedaban por delante 30 minutos de juego y enfrente un rival poderoso que no estaba por la labor de tirar el partido. Y así fue, un parcial de 0-5 nada más comenzar el segundo tiempollevaba a los leoneses a pensar en fantasmas. El Ciudad Real entraba de nuevo en partido, pero en el equipo leonés no estaban por la labor de tirar por la borda su gran primera parte. Jordi Ribera lo tenía claro. Los suyos estaban noqueados por la fortaleza con la que había arrancado el equipo manchego. Paró el partido con un tiempo muerto y fue la clave. El equipo despertó y Doder se convertía en esa referencia para volver de nuevo a tener el control del partido. El Ciudad Real había reaccionado, pero el Ademar no sintió la puntilla de los manchegos. Los leoneses sangraron, pero se levantaron y creyeron en el milagro. El mejor equipo se sentía im potente, el tiempo iba en su contra, pero hasta el final mató por ganar el partido. Enfrente estaba el Ademar, ese equipo de las grandes ocasiones, ese bloque capaz de levantar pasiones en los peores momento. El Ademar ha vuelto yestá en la final.