UNA IMAGEN Y 222 PALABRAS

Los rincones |
Los rincones guardan los aromas. Los pueblos conservan los sabores. Las ciudades repiten las costumbres. Nadie los siembra pero la semilla crece, pervive, le llaman tradición. El barrio de Santa Ana es hoy un barrio más. Incluso está al lado del corazón de la ciudad, ‘‘a cinco minutos de Ordoño’’, que era la unidad de medida que convertía a un barrio en cercano o de las afueras. Sin embargo es una barriada a la que se le pone el apellido de obrera. Tal vez tengan algo que ver los aromas históricos, obreros, el recuerdo de que allí, en la plazuela, creció y se hizo contestatario aquel chaval que se convertiría con el paso del tiempo en el gran mito español del anarquismo, Buenaventura Durruti. Ya no está su casa pero permanece su aroma, como si allí se escucharan los ecos de aquel recordado mitin que pronunció en la abarrotada plaza que llamaban del Petardo. Tal vez por eso en una cercana pared, a la orilla de la iglesia que lleva el nombre del barrio, el fondo blanco ha querido acoger cuidados grafitis en los que los últimos románticos nos recuerdan que tenemos el compromiso de dar el 0,7% de nuestra riqueza para combatir la pobreza, que todavía es posible un mundo sin guerras ni armas, que la utopía se resiste a morir. |
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