Ernesto Díaz ha hecho un completo estudio de los colmenares tradicionales
Victorino y Lucidio delante de su colmenar de caseta en Renedo de Valderaduey. ERNESTO DÍAZ
F. Fernández / Lario
Ernesto Díaz, en la actualidad responsable de la Casa del Parque de Lario y antes vinculado a otras asociaciones como la Fundación Oso Pardo, ha realizado un singular sobre una materia poco estudiada en nuestra tierra y que ha llevado a un libro: ‘Los colmenares tradicionales y el oso pardo en el norte de Castilla y León’, que es tanto como decir en comarcas de León y Palencia.
Robert Chevet, fundador de Apistoria (un grupo de investigadores interesados en la apicultura tradicional), resalta la importancia de este trabajo: “La transformación económica de hace dos décadas supuso el abandono casi absoluto de las técnicas tradicionales de la apicultura; por ello, muchas de las construcciones dedicadas a la protección o el resguardo de las abejas están desaparecidas o a punto de desaparecer. Si a ello le añadimos las desastrosas consecuencias de la epidemia de varroa sabremos que el estudio de la tradición apícola se hace urgente”.
Y Ernesto Díaz ha hecho el estudio, en el que recuerda que “el aprovechamiento humano de las colmenas debe ser tan viejo como el mundo pero hay evidencias de él desde hace 10.000 años, cuando ya aparece en las pinturas rupestres del paleolítico en Levante. Y a finales del neolítico ya se practicaban intentos de manejo de las abejas, utilizando colmenas elaboradas con materias vegetales y tal vez con pieles de animales, aunque no se hacía en un colmenar edificado, estable”.
Griegos y romanos fueron apicultores y nunca faltó en nuestra tierra, llegando hasta nuestros días en construcciones de dos tipos: colmenares tapiados (tipo cortín) y colmenares de caseta, de ambos sobraban ejemplos en nuestra provincia pero van desapareciendo poco a poco.
Cortín es el nombre que reciben estos colmenares defensivos y alude a un recinto cerrado que en otros lugares se llama abellariza u oseira (Galicia), colmial (Asturias), cortijo, corral (Extremadura), malhadas o muros apiarios (Portugal)...
Todo un mundo, en peligro.