La historiadora Mercedes Agulló llega a la conclusión a sus 85 años de edad de que el autor es Diego Hurtado
Sobre estas líneas, escultura del Lazarillo de Tormes en Salamanca. A la derecha, abajo, retrato de Diego Hurtado de Mendoza, supuesto autor de ‘El Lazarillo’ . ICAL
Trevín / Salamanca
Cuando tenía 23 años, la madrileña Mercedes Agulló se licenció en Historia en la Universidad Complutense con el segundo mejor expediente de su promoción y, desde aquella época, no ha dejado de presumir por aquel logro, ni de trabajar movida por la ilusión de bucear entre libros, legajos y documentos de otros tiempos.
A sus 85 años, su tenacidad le ha procurado una recompensa que podría reescribir la historia de la literatura al poner nombre y apellidos al autor de la considerada como la primera novela contemporánea cuyo título exacto pocas veces se cita, ‘La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades’.
Desde su refugio gaditano del Puerto de Santa María, a Mercedes Agulló se le siguen iluminando los ojos cuando habla de su tesis doctoral sobre la imprenta y el comercio de libros en Madrid de los siglos XVI al XVIII, un trabajo faraónico que incluye la puesta en valor de 3.000 documentos inéditos que esta enamorada de la historia ha tenido la paciencia de leer, uno por uno, con el objetivo de encontrar inventarios o tasaciones de libros a cargo de mercaderes o libreros.
Durante una de sus inmersiones en ese basto mundo llegó hasta la biblioteca del abogado de los reales consejos, Juan de Valdés, a uno de cuyos ancestros otros estudiosos atribuyeron, años ha, la autoría del libro sobre el pícaro salmantino. Valdés, fallecido en 1599, llevaba negocios de gente muy importante de su época como Juan López de Velasco, un cosmógrafo y secretario de Felipe II de quien llegó a ser testamentario.
López de Velasco, que fue cronista mayor de la Indias, conservaba muchos manuscritos de aquella zona del mundo junto a un montón de legajos pertenecientes a Diego Hurtado de Mendoza, de cuya hacienda se ocupó tras su muerte por expreso deseo de Felipe II, dado que el monarca “quería apoderarse de su biblioteca para colocarla en el monasterio de El Escorial, su gran proyecto”, precisa Mercedes.
Hurtado había hecho crecer su fondo bibliográfico merced a su inquietud por las letras y, sobre todo, a su labor como diplomático en Inglaterra, Venecia, Siena y como legado de Carlos V en el Concilio de Trento.
Muchos personajes de su época elogiaron la buena pluma de Hurtado de Mendoza, hasta el punto de que autores consagrados como Lope de Vega no dudaron en alabar la finura estilística de un hombre del emperador que terminó sus días enfrentado a Carlos V por la osadía de una de sus hermanas, casada con el ‘Comunero’ Francisco Maldonado. Buceando entre los papeles de Diego Hurtado, Mercedes halló una nota manuscrita en la que se podía leer el siguiente mensaje: “Un legajo de correcciones hechas para la impresión de Lazarillo y Propaladia”. La veterana historiadora aclara que esta es la primera evidencia física de la posible relación entre “don Diego”, y El Lazarillo.