Sólo una de las familias de once ‘paseados’ de Izagre había podido recuperar los restos en 1959
Siete de ‘los bañezanos’ fueron depositados en un panteón común del cementerio de La Bañeza y los otros tres en los de su familia. L.A.O.
M. C. C. / León
Izagre no es una fosa más. En su historia también puede que esté uno de los primeros ‘paseados’ que fue recuperado del olvido. En 1959, la familia de Juan María Begué Arjona logró que las autoridades franquistas les autorizaran a recuperar los restos mortales de quien fuera registrador de la propiedad en La Bañeza. Hasta 1971, estuvieron enterrados en el cementerio del pueblo. Ese año, su familia se los llevó a Madrid donde residía.
Los restos de los otros diez asesinados la madrugada del 10 de octubre de 1936, sin embargo, han permanecido en la cuneta hasta hace dos años.
No fue hasta septiembre de 2008 cuando una excavadora pudo abrir, por fin, la fosa situada en las cercanías del punto kilométrico 275 de la carretera N-601, entre León y Valladolid. Y no fue hasta ayer, después de un largo proceso de identificación realizado por el equipo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, cuando ‘los bañezanos’, como se conocía en la zona la fosa, pudieron recibir sepultura en un cementerio.
En la fosa de Izagre terminaron 11 personas (diez residentes en La Bañeza y una más con gran relación con la ciudad). Todos, diez hombres y una mujer, fueron sacados la noche del día 9 de octubre de 1936 de San Marcos. José Cabañas, que ha investigado el caso, señala que “todos o la mayoría” figuraban en el sumario 151/36 que se les había incoado por los “hechos de julio” en La Bañeza, es decir, “por defender la legalidad y al gobierno legítimo que el pueblo, en elecciones generales, se había dado; por oponerse al fascismo y defender el Estado de Derecho y la democracia”, según explica.
La madrugada del día 10 de octubre de 1936, sobre las tres de la mañana, todos ellos fueron conducidos a Izagre, al sur de la provincia. A la mañana siguiente, los primeros campesinos que pasaron por la zona descubrieron los cadáveres en la cuneta junto a la carretera. “Conocido el hecho en el pueblo —relata José Cabañas en su página jiminiegos36.com que se ha convertido en toda una recopilación de los ‘paseados’ de la zona de La Bañeza— acudieron al lugar el cura, el maestro y otros vecinos de Izagre. Entre las víctimas había una mujer, una bañezana, María Alonso Ruiz, que llevaba aún el pelo corto por el rapado que los falangistas le habían aplicado en la prisión del Partido Judicial. Begué Arjona, registrador de la propiedad, es el único que portaba cédula de identificación, una estilográfica marca Schiffer y un anillo de boda que uno de los lugareños que ayudan a enterrarlos, en el lado opuesto de la carretera a aquel donde los hallan, se apropia”.
Los familiares de algunos de ellos viajaron en los días siguientes desde La Bañeza a Izagre. “Llegan —explica José—, pero nada pueden ya hacer sino tomar nota y memoria del lugar de la fosa en la que han terminado sus seres queridos, señalada con piedras, con forma semicircular, y cuya zona no fue labrada en muchos años, pagando para que así se hiciera a los dueños de las fincas”.
La familia de Begué Arjona recuperó con los años la estilográfica y el anillo que llevaba cuando fue asesinado aquella madrugada, según cuenta también José Cabañas. Ayer, por fin, se hizo justicia con todos.