UNA IMAGEN Y 212 PALABRAS

Como tantas veces le llamaron peste |
Una curiosa historia de filandón, camino de la leyenda urbana, cuenta cómo uno de los muchos pueblos que han desaparecido en nuestra provincia se ahogó a sí mismo y murió asfixiado bajo su desidia. Tenía el lugar dos barrios, el rico y el pobre, separados por un río y sin comunicación. Las mujeres pobres que iban a lavar la ropa a las frías aguas del río/frontera veían a las del otro barrio tumbadas en sus hamacas, al sol, leyendo revistas, sin querer mirar para la otra orilla. Las gentes del barrio rico sólo atravesaban el puente para depositar en las praderas de sus vecinos ruedas gastadas, la basura acumulada, el aceite ya quemado, las botellas bebidas, los desechos de su comida y su vida. Fueron construyendo un gran monte de colores. Negro de ruedas, rojo de extintores, blanco de frigoríficos, verde de árboles cortados. Y los niños del otro barrio hurgaban cada día en las entrañas de aquel monte para buscar la comida que no tenían en casa. El monte llegó a ser el más alto del contorno. Una noche todos escucharon un enorme ruido y una gran humareda salía del corazón que ardía del monte que nunca fue monte. Nada se supo de aquella gente. Como tantas veces, le llamaron peste. |
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