El derribo de una casa en la plaza de Riaño permite descubrir unos restos que podrían ser de la ‘Cal de Moros’
Encima de los ladrillos se puede ver parte del antiguo arco.
Manuel C. Cachafeiro / León
La cerca medieval, la extensión de la muralla romana de León entre Santo Domingo y el torreón de los Ponce, en la bajada del Barrio Húmedo hacia el Ejido, escribe estos días una nueva página gracias a la demolición de una casa en la esquina de la Cuesta de Castañones con la plaza de Riaño.
Pendiente del preceptivo informe de la Junta y los estudios arqueológicos que debe pagar el propietario, los primeros indicios se inclinan por pensar que se trata de restos de la antigua Puerta de Santa Ana o Cal de Moros. La existencia de esos restos, que ahora se pueden ver sin el corsé de la antigua vivienda, ya se han datado en algunos estudios.
En función de las conclusiones, la Junta y el Ayuntamiento de León tendrán que decidir si se permite construir en el solar o, por el contrario, deben mantenerse los restos.
Pese al interés que tiene para los leoneses un tema como el patrimonio, a día de hoy, aún no se ha realizado ningún estudio detallado sobre esta extensión del recinto amurallado, conocido también como “del Burgo Nuevo”, porque sirvió para que la ciudad romana ampliara sus ‘fronteras’.
La cerca medieval tiene una longitud de 1.300 metros y una altura de tres a ocho metros a lo largo de su recorrido. Históricamente abandonada, en los últimos años se han invertido importantes cantidades de dinero en su rehabilitación, que no han servido, sin embargo, para eliminar su imagen marginal.
Los escasos estudios datan su construcción en la segunda mitad del siglo XIII, si bien sus orígenes se remontan a dos siglos antes. A principios del siglo XII ya existen referencias de un murus térrea, construido con tapial, en el entorno del mercado de San Martín.
El hallazgo de estos días arrojará luz sobre una de las nueve puertas que tuvo, y que fueron las de Cal de Escuredos, del Peso o Torre del Obispo, la de Diego Gutiérrez o Caño Badillo; del Sol; de Cal de Moros o Santa Ana; Moneda, Gallega o de San Francisco; del Burgo Nuevo o de las Ánimas; de Santo Domingo o Fajeros y Postigo de la Ollería.
La historia de los derribos en la muralla y la cerca medieval de León no empezó a finales del siglo XIX como se cree. Algunos historiadores defienden incluso que el mayor destructor fue Almanzor, quien en el año 994 sólo dejó el pie una torre de la zona romana, para que la posteridad pudiera admirar cómo había destruido la capital cristiana. “Tú (Almanzor) —escribió un poeta árabe— has dirigido a la tierra de los herejes escuadrones que son el augurio de su destrucción y su demolición. Y has abandonado León como si no hubiera estado poblada en el tiempo más próximo”.
Sin embargo, el arquitecto del plan director, Melquiades Ranilla, tiene una opinión más razonable. Y es que el mayor destructor de la muralla de León, incluyendo la cerca medieval, fue la sociedad leonesa del siglo XX.
La Historia de León, sin embargo, no se entendería sin su muralla romana y su cerca medieval. Su construcción, sus derribos y sus nuevos proyectos muestran los diferentes avatares de una sociedad como la leonesa, que no siempre ha tenido en cuenta su gran patrimonio.
Para esa Historia con mayúsculas, aunque sea en las páginas más negras, quedan fotos como las de Pepe Gracia, que en 1919 inmortalizó el derribo de lo que fue Puerta Obispo. Los leoneses entendieron entonces que la muralla era un estorbo para ampliar los límites de la ciudad.
En total, el recinto amurallado romano tuvo 14 entradas y salidas. En el siglo XII se abrió en la calle Abadía un paso hacia Renueva por el Camino de Santiago. Otras ocho se construyeron en el siglo XIV, hasta la decimocuarta, cien años después, junto a la casa-palacio de los Quiñones. La mayoría fueron derribadas en la segunda mitad del siglo XIX. Entre 1854 y 1859, las de Arco de Ánimas, Santa Ana y Santo Domingo. En 1860 desaparecieron los ‘cubos’ del Rastro (lo que hoy se conoce por la calle Ruiz de Salazar). En 1862, las puertas de la calle Carreras; en 1864, Puerta Sol y Puerta Gallega y, en 1868, Puerta Moneda. «Pese a ese maltrato la muralla es un monumento vivo, y eso la ha salvado», explican los historiadores.
La muralla romana y la cerca medieval de León son como una enredadera que se cuela por todas partes. Los edificios adosados y las polémicas por el uso que los leoneses han hecho de sus piedras no es nuevo. En un documento de 1434, que se conserva en el Archivo Municipal de León, las autoridades leonesas se quejaban ya ante el rey de cómo «algunos prelados e conventos e monasterios e caballeros e escuderos e otras personas, clérigos e legos han tomado e abierto e aforado en algunas partes e lugares de los muros e cerca e fecho en enellos e encima dellos paredes e casas e obras e edificios».
Casos como el descubierto ahora en la plaza de Riaño no son nuevos tampoco. Hace 15 años, el derribo del antiguo hotel Carmina para levantar un edificio de apartamentos levantó gran polémica. Al final, los restos se conservaron en el portal y en las paredes del local que hoy es un ‘burguer’.