UNA IMAGEN Y 212 PALABRAS

Cansados |
Cansado de embestir” y “cansado de luchar”, serían dos de los títulos que se le podrían poner a este hombre que baja la guardia después de la manifestación. No está de fiesta, aunque lo parezca. No viene de un pasacalles, aunque lo pudiera parecer. No son los gigantes y cabezudos, aunque cualquiera lo diría. La estampa sería la típica de tantas fiestas, de tantas romerías, de tantos jolgorios como en esta tierra van declarando de interés universal. Pero la estampa también empieza a ser típica de los tiempos que nos toca vivir. Un trabajador regresa de una manifestación convocada para defender sus derechos en la calle pues se los han quitado, para luchar por su puesto de trabajo, que está en peligro. Salió de casa animado. Quedó con los colegas, desplegó las pancartas, gritó en las calles, bailó con la cabeza de toro o con la de humano... luchó. Mientras estuvo arropado por el grupo, mientras gritó su verdad, mientras luchó por su futuro, no tuvo tiempo para pensar, para temer. Pero al disolverse, después de los discursos, al quedarse solo... Al quedarse solo se sintió solo. Se encontró incluso ridículo con una cabeza de toro debajo del brazo. Se quedó quieto, su cabeza obrera comenzó a dar vueltas a toda velocidad. |
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