El técnico está renovado de forma automática con el ascenso
Granero será el capitán de la nave blanquiazul en su segunda campaña en la división de plata. MAURICIO PEÑA / DANIEL
Javier Santiago / Ponferrada
Y en medio de la celebración, toca pensar ya en el futuro. La Ponferradina dedicará sus primeros días como equipo de Segunda División a celebrarlo. Luego, emprenderá el reto feliz de redondear la temporada intentando conquistar el campeonato de Segunda B en la eliminatoria que afrontará desde el próximo domingo en El Toralín. Pero, mientras tanto, el club empezará ya a planificar las claves de su proyecto para la categoría de plata.
El primer pilar de esa nueva Ponferradina será José Carlos Granero. El ascenso del equipo supone la renovación automática del técnico, tal y como se había estipulado en el contrato entre ambas partes. El entrenador que ha guiado con mano sabia al equipo hasta la inmensa alegría de ayer será también el encargado de dirigirlo en busca de un objetivo muy distinto en Segunda A. El reto de los blanquiazules será que no se repita la historia de su primera temporada en la elite y que esta nueva etapa no acabe en un descenso por la vía rápida.
Pero en esta ocasión la Deportiva juega con ventaja respecto a entonces. Por un lado, dispone de la experiencia que sacó de aquella temporada inolvidable. Por otro, contará con una inyección económica sensiblemente superior a la que recibió entonces por parte de la Liga de Fútbol Profesional.
Una vez que concluya definitivamente esta temporada, llegará el momento de poner en marcha el diseño de la nueva plantilla. La inexorable ley del fútbol se cumplirá de nuevo y algunos de los héroes de este ascenso tendrán que emprender nuevos caminos. Otros, en cambio, seguirán viviendo su experiencia con la Ponferradina, ahora en Segunda A.
La planificación del grupo de jugadores se basará en las conclusiones que han sacado los técnicos de esta temporada y en los retos que va a presentar la próxima. En cualquier caso, ahora hay una ventaja respecto a Segunda B, ya que en las plantillas de la categoría de plata se puede disponer de más futbolistas y tampoco rige la norma de tener obligatoriamente en el equipo a seis menores de 23 años.
Tampoco falta mucho para que comience el run-run de los fichajes. En este caso, la diferencia es que la Ponferradina entra en un mercado en el que la competencia es máxima y en el que el equipo blanquiazul juega en cierta desventaja con equipos de mayor tradición y potencial económico. De todos modos, el club berciano podrá seguir sacando partido a sus credenciales de entidad seria y cumplidora con sus jugadores.
Otro aspecto en el que tendrá que haber novedades con el ascenso es el institucional. Para militar en Segunda A es obligatoria la conversión en Sociedad Anónima Deportiva. La Ponferradina ya tiene los deberes hechos en ese sentido, pero ahora tendrá que alcanzar un capital social que le será impuesto por los responsables de la Liga. De este modo, es probable que el club tenga que acudir a una ampliación de capital.
Y en el aspecto social, habrá que canalizar la pasión que se ha desatado por el equipo en los últimos días. La afición de la Ponferradina no ha tocado techo. El equipo mantuvo e incluso incrementó su masa de socios desde que descendió de Segunda, pero lo vivido en los días previos al partido decisivo de ayer permite augurar que la demanda de abonos para la próxima temporada puede ser espectacular. Quizá las dimensiones de El Toralín empiecen a quedarse pequeñas.
Son, en definitiva, multitud de retos que se abren con el ascenso a Segunda, una aventura apasionante que comenzó ayer y que promete deparar muchos momentos inolvidables.