UNA IMAGEN Y 222 PALABRAS

Lo que el ojo
no ve o |
Tanto vestido blanco tanto boato, y cuando vas a casa no tienes platos’’. Ya lo avisaba la vieja copla popular, ten cuidado con la fachada. La copla parece válida para nuestra Catedral. Impresionante cuando la miras desde lejos, mágica cuando la ves desde el Portillín, Oteruelo o el Portillo iluminada en la noche. Pero te acercas a su cara y te impresionan las arrugas de su vejez. Una bella estropeada por la vida, una agricultora leonesa tan lozana de joven como ajada de tantas jornadas al sol sacando patatas y recogiendo hierba. La luz nos enseña una gárgola, esas enigmáticas figuras de piedra con caras mitológicas y bocas abiertas para que el agua salga y no haga daño. Pero la sombra esconde el cable que la mantiene erguida y en su lugar pues ella sola tampoco soportaría en pie las embestidas del tiempo. Dice la leyenda de la gárgola que su cabeza y su cuello resistieron la hoguera en la que ardió el dragón del que formaban parte y fueron colgados en la pared para que nadie olvidara los malos momentos que aquel bicho había hecho pasar a un tranquilo poblado. Crecieron las gárgolas, se multiplicaron en las paredes de los templos al amparo de su leyenda de inmortalidad. Pero el tiempo no perdona, sólo un cable evita la muerte del mito. |
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