Cuentan que en unos afamados premios publicitarios, los afamados miembros del jurado se quedaron boquiabiertos cuando el afamado organizador les dijo que tenían que elegir el mejor establecimiento de la ciudad en la categoría de Club de Alterne. Tras la fingida votación, puesto que los afamados premios publicitarios se conceden a quien más puje por darle dos besos a la jamona televisiva de turno en una gala extremadamente casposa, se produjo una situación realmente simbólica. Mientras apuntaba el nombre del ganador en la categoría de Club de Alterne, el también afamado notario comentó a los que tenía alrededor: “Pues éste ya tiene la Q de Calidad”.
En esos afamados premios existe la categoría Club de Alterne como existe en el resto de facetas de nuestra sociedad. Como existe en los periódicos, en la publicidad, en las conversaciones y en el paisaje de las carreteras. Como parece no existir en la legislación. Voy hacia León y en Puente Villarente me despista el cartel de un club de alterne que dice: “Tu copa, tu relax”, mientras me mira ardientemente una conejita de Playboy en tanga. Entro en mi ciudad y resulta que el Ayuntamiento parece que autoriza la prostitución en la margen derecha del Bernesga pero la prohíbe en la izquierda. Abro un periódico y leo que acaban de desmantelar una red de prostitución masculina. Las autoridades se felicitan por el buen trabajo realizado, como si hubieran solucionado algún problema. Unas cuantas páginas más adelante me encuentro anuncios que dicen cosas como “francés sin” o “beso negro”.
Puestos a mirar todos hacia otro lado, lo que no entiendo es que no hayan salido aún los leonesistas a denunciar el intrusismo en el sector de los pobres jóvenes brasileños a los que explotaba la red desmantelada esta semana, siendo como somos los leoneses, históricamente, los principales exportadores de salchichón y demás embutido a todo el país.