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LUCHA LEONESA / El adiós de un luchador

‘‘Siempre he sido un poco rebelde y loco’’

Diego Arce se retira después de 14 años por su lesión de rodilla y también ‘‘algo desmotivado’’

Diego Arce en uno de sus muchos combates disputados.

Fulgencio Fernández / León
Diego Arce, El Balilla de Moscas, luchó el pasado domingo la final de medios ante Héctor. Finalizó el combate y antes de levantar a su rival se quito el cinto, se acercó a su hija de tres años, le colocó el cinto como dándole la alternativa y regresó al centro para levantar a El Divino. Se acababa de retirar después de 14 años por los corros. ‘‘Claro que espero que Alazne luche, si le gusta. Si quisiera luchar la apoyaría, como no, yo le estoy muy agradecido a la lucha leonesa, han sido 14 años muy bonitos, en los que he crecido como persona y también espiritualmente’’.
En la final de Boñar tuvo que ser atendido de la rodilla pero quiso continuar, quería acabar su último combate. ‘‘Es cierto que el detonante ha sido la rodilla, no puedo luchar con una rodilla de cristal. Puedo correr, puedo hacer full-contact, puedo hacer mil deportes, pero luchar no. Los dos últimos años han sido un calvario y como no quiero pasar por el quirófano pues me he decidido’’. Pese a ello no oculta cierta desilusión en la hora del adiós. ‘‘La lesión influyó, pero tampoco voy a ocultar que iba sintiendo un cierto desencanto, para un deportista la moral es fundamental y yo me iba desmoralizando con las cosas que están ocurriendo en la lucha. A los luchadores nos tienen que motivar los clubes, pero esta Federación no cree en ellos y los tiene atados de pies y manos’’.
A la hora de señalar las causas de su desmotivación, Arce no duda en afirmar que se están perdiendo muchas de las esencias de la lucha leonesa. ‘‘Elegí el corro de Boñar para despedirme porque tiene un cierto sabor tradicional, de los de antes, de los que ibas a la feria, pasabas allí el día, a la tarde luchabas... Como se hacía antiguamente, iban a la fiesta, luchaban las horas que hiciera falta y después los luchadores se quedaban en el pueblo, con otros luchadores, hablaban con la gente. Ahora los luchadores van cada vez más a lo suyo y punto, creo que falta hermandad entre nosotros’’. Cree Arce que algunos de los veteranos conservan esas viejas esencias. ‘‘Se nota mucho cuando vamos a los europeos de luchas celtas y cosas así, somos una piña, un equipo, después regresas y todo vuelve a ser individualista. Los clubes son los que tienen que potenciar este espíritu, pero...’’.
Son catorce años por los corros y al echar la mirada atrás siente que ‘‘dejo muchos amigos, unos que luchan y otros que lo han tenido que dejar, por trabajo, por lesiones...’’ y también siente la necesidad de hacerle un reconocimiento a quién le introdujo en el mundo de la lucha leonesa. ‘‘Era un chaval juvenil, no sabía si iba a luchar o qué iba a hacer y Antonio Verduras me pagó de su bolsillo la ficha federativa, me llevó a su club y allí me mimó como hacía con todos los juveniles. La prueba fue la generación de luchadores que sacó, una quinta buenísima, ahí están los Clemente, Javi Remolina, Salva, Víctor Oblanca, Santi El Míster... hay que cuidar la base, enseñar a los chavales a divertirse y después ya veremos lo que ganan o no ganan, eso es otra cosa que ya llegará con el paso del tiempo’’.
Insiste en el trabajo que le cuesta marcharse, en los sentimientos encontrados, en los recuerdos, en las victorias y ‘‘todavía me remuerde la conciencia por algunas finales que perdí, bastantes, por luchar como soy yo, un poco alocado, por ponerme a tirar y no pararme un segundo a pensar qué es lo mejor que se puede hacer en ese momento. Pero si lo hubiera hecho no sería yo, que siempre he sido un poco rebelde y un poco loco’’.
Así es este chaval impulsivo, valiente, arriesgado, a veces con mala leche, rápido, al que no hubo otra solución que bautizar como El Balilla. ‘‘Es cierto, soy un poco así. Reconozco que he tenido ese punto de mala leche que unas veces me ha venido muy bien para luchar y otras muchas no’’.
Jamás reniega Diego Arce de lo que ha sido, por eso cuando le preguntas cómo le gustaría que le recordarán no busca endulzar su figura: ‘‘Me gustaría que me recuerden como soy, un luchador con carisma, bravo y valiente hasta el riesgo, simpático pero con un pelín de mala leche’’. Ya un histórico que le contará leyendas de lucha a su niña para animarla a luchar, le hablará de Clemente y, porqué no, también de El Balilla de Moscas.

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