El Palacio Episcopal de Salamanca acoge una muestra antológica del fotógrafo leonés Vicente Nieto Canedo
A sus 98 años el fotógrafo berciano Vicente Nieto Canedo quiso estar presente en la inauguración. DAVID ARRANZ / ICAL
Y.R.T. / Salamanca
Su cámara parecía de juguete, ni siquiera era profesional, pero el fotógrafo leonés Vicente Nieto Canedo retrató con maestría la cruda realidad que le tocó vivir, el desarrollo de la contienda española y en concreto a los milicianos del bando republicano, a veces captando toda la dureza de la guerra y en otras ocasiones la parte más humana de quienes participaron en ella.
Salamanca acoge desde ayer y hasta el próximo 31 de marzo, la mayor muestra antológica realizada hasta el momento por este autor berciano, que aunque el mismo se confiesa un fotógrafo “amateur”, sin quererlo su archivo forma “un documento histórico de primer orden, pero con un componente artístico indudable”, según afirma el comisario de la muestra, Amando Casado.
El Palacio Episcopal acoge una selección de 90 imágenes, realizada entre más de 5.000 negativos, de la época de la Guerra Civil y de la posguerra, en las que Nieto no muestra una “obsesión por la técnica”, sino por ofrecer su particular “mirada”, ya que “ahí es donde tiene su fuerte Vicente”, apunta.
Sobre este aspecto incide y recuerda que Vicente Nieto es “un fotógrafo pasional” y con “mucha fuerza”, porque para él “la fotografía lo es todo” y esto quiere decir que su capacidad de retratar la realidad “no tiene límites ni normas, y si los tiene, se los salta” para crear.
En sus imágenes, añade el comisario, se aprecia la calidad de “su mirada”, esa visión particular que dotó a su trabajo de una “estética curiosa”, debida también a “su gran intuición”.
Vicente se alistó como voluntario en las filas republicanas, siendo su destino la Columna Mangada y posteriormente la 32 Brigada Mixta, batallones que fueron objetivo de sus primeras instantáneas y donde retrató sobre todo a los distintos grupos de compañeros, el paisaje o los juegos, como mera afición para distraerse de la dureza de los acontecimientos. Apenas hay imágenes de la batalla, porque en esos momentos el mismo se encontraba “disparando con su fusil”.
Casado destaca que ya al final de la Guerra Civil, Nieto Canedo deja atrás a su primera cámara, la Kodak Baby Brownie de baquelita y que tenía un precio de 13 pesetas, para adquirir una más sofisticada, una Fowell y después una Rolleiflex, con la que pudo continuar con una afición a la que dedicó toda su vida.
En esa etapa cuando formó parte de la Real Sociedad Fotográfica y retrató por puro placer personal a gente corriente, tanto del medio rural como de las ciudades, niños, mayores y escenas cotidianas a las que le otorgaba su propio sello personal.
Asimismo destaca la importancia documental de estos negativos, que han sido donados al Centro Documental de la Memoria Histórica, porque según explica el comisario, el hecho de que el autor los haya conservado, perteneciendo al lado perdedor de la contienda, tiene “un valor especial”, ya que podría haberle acarreado serios problemas durante el franquismo e incluso salvaguardándolos ha “preservado” también la vida de quien en ellos aparecían. De hecho, añade, hay constancia de quema de negativos por parte de varios fotógrafos contemporáneos de Vicente para evitarse posibles represalias.
Del mismo modo opina la subsecretaria del Ministerio de Cultura, Mercedes del Palacio, quien explica que la muestra recoge el periodo que va de 1936 al 1967, es decir, 31 años de trabajo en los que destacan obras como las imágenes que realizó al teniente coronel Mangada, llamado por el pueblo aunque nunca lo fuera “general Mangada” o del sargento Francisco Redondo, hijo del alcalde madrileño Cayetano Redondo.
Por último, Del Palacio valora la importancia “social y de enorme valor estético y compositivo” de las fotografías de su segunda etapa, que le han otorgado el reconocimiento tanto de profesionales del sector como de compañeros y diferentes premios nacionales e internacionales.
A pesar de sus 98 años de edad, el propio autor quiso estar presente en la inauguración de esta exposición y visiblemente emocionado hizo gala de la humildad que le caracteriza para señalar una vez más que la intención con la recopiló esta parte de la historia no fue otra más que su diversión personal, porque según confiesa, “no eran tiempos para pensar en el futuro” y no hizo las fotografías con “una intención posterior”. Esta muestra itinerará por otros puntos del país, como Ponferrada, León y Valladolid.