Una familia de San Miguel de Laciana, los Rodríguez, montaron un verdadero imperio en el Madrid del siglo XIX
Los once hermanos Rodríguez posan en San Miguel de Laciana en septiembre de 1894.
F. Fernández / Villablino
Laciana sí tiene quien le escriba. La presencia en la comarca de las revistas y editoriales El Mixto, A Xeitu, Piélago del Moro... y la mano y la pluma del incansable Víctor del Reguero propician que esta tierra leonesa se haya alejado de la maldición que García Márquez le hizo al coronel que en su juventud había servido a las órdenes del mítico Aureliano Buendía.
La última entrega de esta tierra bien contada es un libro, curiosamente editado en esta ocasión en Madrid, que narra la aventura comercial de una saga lacianiega, los Rodríguez, que llegó a regentar un buen número de prósperos negocios en la capital de España: ‘Madrid, aquel comercio’ es el título del libro que ha visto la luz en Ediciones La Librería.
José Rodríguez ‘El Burgalés’
El origen de esta saga que tomó Madrid está en un curioso personaje: José Rodríguez, vecino de San Miguel de Laciana y al que todos apodaban en el Valle ‘El Burgalés’, apodo que Víctor del Reguero no ha logrado descifrar: “Cuando escuchas lo de burgalés rápidamente piensas en una familia llegada de Burgos, pero no hay ningún dato que lo avale ni lo corrobore, era de San Miguel y su familia también. Era oriundo de Villablino y nació en 1810”.
Lo que sí está claro es que este lacianiego tuvo 11 hijos y ahí radica una parte del secreto del negocio (los negocios) que montaron en Madrid. “Al ser once hermanos se dan dos circunstancias; una, que era muy difícil mantener a una familia tan larga en Laciana y otra, que suele ser muy habitual, que son gente emprendedora, sin miedo a casi nada y capaces de coger el petate y plantarse, en este caso, en Madrid. Fueron, como tantos otros, sin nada, con su carro, como tantos arrieros”.
Pese a que sus muchos hijos hicieron fortuna en Madrid, El Burgalés también había dado muestras de su laboriosidad y es muy curioso comprobar sus importantes posesiones cuando falleció, el 30 de octubre de 1881. “Tenía 37.000 pesetas en metálico. Una casa en San Miguel de Laciana, de planta alta y baja, cubierta de paja, compuesta de cocina y varias habitaciones, cuadras, pajares, portal, orrio y huerto. También dos cabanas, en Tresuco y Buxionte; un molino harinero en San Miguel, más de medio centenar de tierras en este mismo pueblo y otras en el concejo y fuera de él, llegando hasta Gavilanes, Palazuelo y Benavides de Órbigo, pertenecientes estas últimas a pujas en subastas de la administración. También tenía en casa 8000 kilos de mantequila, que ya fabricaba a gran escala”.
Parece que tenían los hijos a quien parecerse y tomaron el camino de Madrid pues allí habían emigrado antes varios cuñados de José Rodríguez. “Pudo El Burgalés ver como marchaban sus hijos a la capital de España, ver como les iban funcionando los negocios e, incluso, ver como el mayor de ellos se sentaba en un escaño de las Cortes, dos meses antes de morir su padre, en aquellos tiempos recordados como del mejor parlamentarismo, con Sagasta y Cánovas del Castillo como jefes de filas”.
A aquella ciudad de “ociosos y habladores”, que decía Larra, fueron llegando los ocho hijos del lacianiego Rodríguez, al que apodaban El Burgalés. “Es muy curiosa la forma de ir colocándose en la capital de España. El mayor entró al servicio de un noble, el ingeniero Joaquín Ezquerra, y cuando decidió independizarse para poner un negocio le dijo: pero no se preocupé usted que yo le traigo a mi hermano de León. Los siguientes hicieron lo mismo, al irse a trabajar a los negocios de los anteriores u otros le decían que traerían a otro hermano y así acabaron en la capital de España los ocho hijos varones de José Rodríguez de Lama”.
Es curioso como este primer Rodríguez, Manuel, comenzó a meterse en el mundo de los negocios: “Joaquín Ezquerra le concedía algunas horas libres que dedicaba al comercio de cintas y otros artículos para el calzado, los compraba en la casa Hontang Fréres y las iba vendiendo de tienda en tienda con un pequeño margen comercial, era lo que se llamaba entonces un corredor”.
Un periódico de la época llegó a reflejar como hecho muy curioso de aquellos últimos años del siglo XIX que “alrededor de 35 miembros de una misma familia fueron propietarios o trabajadores de importantes comercios en Madrid” y, explica Del Reguero, “llegaron a ser muchos más en décadas posteriores e, incluso, extendieron sus ‘lazos’ fuera de la familia y fuera incluso de Laciana, con gente como el omañés Balbino Rabanal o los famosos Fierro, de la otra montaña (Valdelugueros)”.
Rodríguez Hermanos
Manuel Rodríguez, que se casó con la joven vasca Catalina Arzuaga, fue quien fundo Rodríguez Hermanos, oficialmente el 5 de diciembre de 1874, con tres de sus hermanos: Pedro, Tomás y Gabriel. El fundador llevaba dedicado al comercio desde 1856 en que “a fuerza de aplicación y privaciones pudo, dejando de ser dependiente, establecerse por su cuenta particular”.
Tenían entonces un almacén en la calle Tetuán, en 1886 abrieron un amplio local en la calle Capellanes y en 1896 se trasladaron a la Carrera de San Jerónimo. Curiosamente coinciden estos tiempos con la incursión en la política del pionero, Manuel. “En 1881 se convirtió en candidato a las Cortes por Murias de Paredes y triunfó al vencer a uno de los personajes más conocidos de la época, Francisco Sierra Pambley. Repitió en 1886 derrotando a Eduardo Dato. Un año después fue el candidato del Círculo de la Unión Mercantil a un acta de concejal en el Ayuntamiento de Madrid y también lo logró. Pese a ello, no parecía sentir gran pasión por la política pues acudía pocas veces a las Cortes”.
En 1883 se retiró de la actividad mercantil pero no quiso que se hiciera público para no perjudicar a los negocios y tampoco firmó ningún documento en el que se reconociera sus aportaciones y derechos en los negocios.
Sus hermanos y, sobre todo, “la sobrinada” fueron constituyendo un verdadero imperio en diversos sectores comerciales: tapicerías, calzados, hoteles... Así se fueron multiplicando los apellidos y a los Rodríguez se unieron otras sagas como los Gancedo y los Rubio. “Pero también muchos lacianiegos que sabían que tenían un destino y un trabajo seguro en algunos de los múltiples negocios que los hermanos Rodríguez fueron sembrando por la capital de España”. Así encontramos firmas leonesas en empresas como Mantequerías Leonesas, colonias Álvarez Gómez... y hasta pioneros del fútbol nacional, en el Atlético de Madrid. “Negocios que siguen hasta nuestros días, con dos hoteles abiertos (Gran Vía y Regina), o las tapicerías Gancedo, de evidente prestigio a nivel nacional”.