Los dos Toños, Llamas e Iglesias, dos poetas, en el hórreo del primero de ellos. FULGENCIO FERNÁNDEZ
José Antonio Iglesias (1955), asturiano de Villamanín, poeta de larga trayectoria inédita pues comenzó a escribir con 11 años, se asoma al mundo de la poesía editada con su primer título, ‘Formas aladas’ (ediciones del Oeste), que hoy presenta en la Librería Artemis de León, a las 20 horas, acompañado de José Antonio Llamas y Ángel Fierro, sus padrinos literarios y, en palabra de Iglesias, “los responsables de la coherencia de esta antología pues ellos han hecho una selección que yo habría sido incapaz de realizar”.
Con uno de ellos, el también poeta Toño Llamas, a quien le une la fecha de nacimiento el 13 de junio y otras muchas afinidades, conversa sobre este primer libro, sobre la poesía, la vida, la actualidad…
JOSÉ ANTONIO LLAMAS (T.Ll.): Dice el ilustre prologuista de tu libro, el asturiano José Antonio Gracia Noriega, a quien a mi me gusta llamar ‘el Cunqueiro asturiano’, que eres el mayor poeta inédito de España.
JOSÉ ANTONIO IGLESIAS (J.A.I.): Al margen de que pueda ser una exageración debida a la amistad es una condición que acabo de perder al publicar este libro.
T.Ll: Pero añade algo que no pierdes al publicar ‘Formas aladas’ cuando dice de ti y tu condición de inédito: “No se rebaja a publicar y no le falta razón”.
J.A.I: Creo que sería muy sano, sobre todo para la gente más joven, seguir aquella máxima del Talmud: “Dios primero crea y luego se da a conocer”. Quiero decir, una vez hecha la obra ya encontrará camino, ahí está Pessoa, que no publicó hasta muy mayor y todavía está saliendo del baúl obra suya.
T.Ll: También corres el riesgo de morir sin publicar.
J.A.I: Lo que distingue al jugador de verdad, y yo lo soy, es que el placer no está en ganar sino en el riesgo de perder. Y en hacerlo con elegancia, casi con chulería.
T.Ll: ¿Quieres decir que se publica demasiada poesía?
J.A.I: No me atrevo a afirmarlo porque no soy un gran lector de poesía actual. Leo a los amigos y gente de la que me dan referencias amigos que controlan la materia. Pero imagino que se publica mucha poesía porque se publica mucho de todo, que es una forma de censura. ¿Dónde escondes a un chinito?, entre un millón de chinitos. ¿Dónde camuflas un libro que pueda ser una piedra de toque, una denuncia? Pues entre los 25.000 títulos que se publican cada año. Ahora en literatura se hace como en todo, primero se dan a conocer y después ya escribirán… si tienen tiempo, lo contrario del Talmud.
T.Ll: ¿Entonces, porqué escribes?
J.A.I: Por aquello que decía Lipó: “Cada uno tiene su locura, la mía es escribir poemas”.
T.Ll: Pero ¿una locura como comer tierra, por ejemplo?
J.A.I: Pues casi.
T.Ll: Pero hoy día el camino para que hablen de ti es la televisión, no la poesía, aunque sea por hacer el cafre.
J.A.I:La forma en la que yo entiendo o vivo la poesía es otra. Para mí la poesía es una forma de conocimiento, si además sirve para alguien más pues muy bien y si no…
T.Ll: Dice Noriega, y yo lo suscribo, que esa ansiedad por publicar, por ser conocidos, lleva al poeta a convertirse en escritor subvencionado.
J.A.I:Es la consecuencia de lógica de su manera actual de entender la poesía.
T.Ll: ¿Y qué tiene que ver la vanidad en esto?
J.A.I:Todo. Hay que analizar el espíritu de la época, que considera que es suficiente con ser, al margen de hacerlo bien o mal. Ahí tienes youtube, que todo el mundo considera que su tontería es genial porque la ha hecho él. Hay una distinción clara entre la conciencia de individuo, lo que llaman individualismo, y el personalismo; una cosa es ser consciente de quién eres y hasta donde puedes llegar y otra cosa es considerarte el ombligo del mundo y no hay más.
T.Ll: ¿Has dicho que lees poca poesía?
J.A.I:No, he dicho que leo poca poesía actual. Recuerda aquello que contaba Díaz Plaja en el libro de los pecados capitales, cuando recogía una conversación de Casino en la que uno decía: “Es que en España se jode poco” y otro le matizaba: “No, lo que pasa es que siempre jodemos los mismos”. Pues en poesía pasa igual, no se lee poco pero siempre leen los mismos.
T.Ll: Dice Noriega que tú lees a Hesiodo, Graves, Eliade, Jung, Kirk, Lévi-Strauss… esos son los mismos que leo yo. ¿Tú crees que estos que aparecen todos los días en la televisión y los medios de comunicación también leerán a estos escritores?
J.A.I:Hombre, no olvides que leer cansa y a estos no los veo yo muy musculados para estas cosas, creo que gastan sus energías en otros asuntos.
T.Ll: Muestras gran pasión por la ciencia, que parece alejada de la poesía; insisto, parece. En tu biblioteca he visto muchos libros de la teoría de las cuerdas, de física cuántica, de cosmología…
J.A.I: Tenemos un grave problema. Los literatos leen poco a los científicos y los científicos leen muy poco a los literatos, cuando son dos campos que hasta hace bien poco eran simbióticos. Ahí están Marañón y todos los de su generación.
T.Ll: Mucha gente no entenderá esa pasión por la ciencia en un poeta.
J.A.I: A mí los libros que me interesan son los que no entiendo. No soy un especialista en ciencia pero es un estímulo para conocerla y estoy convencido de que la gran poesía la están haciendo los físicos teóricos. Sus descripciones son materia poética pura.
T.Ll: De la deriva que está tomando esta conversación habrá quien crea que tu poesía es casi inaccesible, erudita, sabia… Y nada más lejos de la realidad, creo yo.
J.A.I:La poesía no se dirige a un auditorio, a unos lectores en abstracto. La poesía va a cada lector. El poeta es el portero y el poema es una puerta, y lo que cada lector encuentra al pasar la puerta es diferente.
T.Ll: Y nada más lejos de la pedantería que tu poesía.
J.A.I:¿Y si fuera pedante, qué?, ¿cómo se lo explicas? Decía Nietzche que para entender algo inteligente hay que ser inteligente. Lo que sí te reconozco es que aunque los poemas puedan parecer muy serios todos ellos tienen mucha sorna.
T.Ll: Tu dices que, llegado el caso, prefieres “que sea el lector quien se levante a ser yo quien me agache”
J.A.I: Claro, ¿qué tiene de malo que el lector tenga que levantarse a por el diccionario y consultar? Una de las funciones que nos atañe es mantener vivo el lenguaje y más en una época en la que cada día es mayor su empobrecimiento.
T.Ll: Acudes mucho a los mitos.
J.A.I:Porque uno de los males espirituales de este tiempo es el desconocimiento del mito. En el mito están nuestras claves, nuestra herencia, no en vano la psicología y la psiquiatría han tenido que acudir a ellos para explicar lo actual.
T.Ll: ¿Por ejemplo?
J.A.I:El mito artúrico es el fundacional de Europa, pero no de esta Europa, claro…
T.Ll: Explica.
J.A.I:No hace falta más que ver los telediarios.
T.Ll: Pero tú no ves los telediarios.
J.A.I: El mal de Europa no es Europa, son los europeos, como el mal de España no es España sino los españoles. Ya lo avisó Gilbert, que dijo aquello de que “cuando un sistema humano se rige por términos economicistas se acaba en canibalismo”, de Alemania con el resto de Europa, por supuesto.
T.Ll: ¿Y Francia?
J.A.I:Se creen muy gallos, pero cuando nos hayan comido al resto de Europa ya les tocará a ellos.
T.Ll: Tu dices que “la naturaleza del ser es poética”, que el ser humano es poesía.
J.A.I: Ese poema es una respuesta a algo muy concreto, a una reflexión de mi hija Elisa cuando tenía menos de tres años y me preguntó que qué era una luna llena.
T.Ll: Aludes mucho a Elisa, ¿es tu musa?
J.A.I: No. No soy de los que le ponen carne a las musas. Es mi hija y hubo un periodo, cuando era más pequeña, que era quien recibía lo que yo recogía, yo le trasmitía a ella. Lo explica muy bien la cosmogonía de los índios yaquis, que creen que cuando un hombre tiene un hijo es como si le quitaran una parte de su energía, creen que le extraen un trozo a la altura del vientre y no la recupera nunca, a partir de ese momento es como si viviera dos vidas.
T.Ll: Pues voy con otro poema que me parece maravilloso. “No es que no tenga otra cosa que mis versos, sino que estos son el pagaré que avala mi riqueza”.
J.A.I:Una cosa es parecer poeta y otra serlo. El poema es una síntesis de todo un acúmulo de experiencias, de vida, de conocimientos, de lecturas… Toda gran obra artística es una obra poética, sea pintura, arquitectura…
T.Ll: ¿Entonces la poesía no es solo literatura?
J.A.I: Voy más allá, la poesía no es literatura, utiliza la literatura. Todos nacemos con temperamento poético, después unos lo conservan y otros lo pierden.
T.Ll: Dice Gracia, y vuelvo a él, que tu poesía es extraña, singular e irrepetible.
J.A.I:Extraña a lo que se hace en la actualidad, sí. ¿Singular? Yo no conozco a otro que haga este tipo de poesía, pero insisto, sólo digo que yo no conozco, no que no haya.
T.Ll: Vamos con versos de algunos de tus poemas: “El hombre sin conflicto es hoguera apagada”.
J.A.I:Que es lo que siempre buscó el Poder, hombres que no den la lata, hormigas, dóciles. Lo dijo Heráclito, “sin confrontación no hay vida”.
T.Ll: “El poeta es el portador de la llama y de la antorcha. Cuando habla enciende los silencios”.
J.A.I: Aclaremos. Para mi el poeta es lo mismo que era en la antigüedad clásica, un educador de hombres, un formador de adultos, alguien que mira hacia adentro y descubre claves que estaban ocultas y las transmite. Es el don poético que decía antes.
T.Ll: Ahora se dice que la inspiración, el don poético, no existe.
J.A.I: Está muy denostada por la mayor parte de los artistas y al ver o leer su obra lo entiendes, no hacía falta que lo hubieran dicho. Yo no creo que te sientes en una mesa y ya sea posible escribir, yo creo que te tienen que llamar el folio y el lapicero.
T.Ll: Si te ofrecen un suculento premio, ¿no escribirías un libro para él, de encargo?
J.A.I:Lo dudo mucho, yo soy muy cabrón conmigo mismo y todo lo que signifique una obligación no se si me la permitiría.
T.Ll: Comparto contigo un prejuicio. Los dos somos partidarios del silencio (”soñar es pasar a limpio lo vivido, y el silencio tal vez sea la máxima expresión de la poesía”, escribes). Pero a la hora de la verdad, no callamos y, además,escribimos.
J.A.I:El silencio es lo que te nutre, pero los dos somos de la cofradía del 13 de junio y Pereira y Pessoa y Torrente y Wagner… es decir, somos un elenco de locos a los que no se nos puede exigir cordura. Escuchamos el silencio y decimos lo que escuchamos.
T.Ll: Te defines diciendo que “ahora soy de júbilo distante”.
J.A.I:Que me río por debajo del bigote. Que el paso del tiempo supone una pérdida de espontaneidad pues, no nos engañemos, vivimos en unos tiempos inquisitoriales y uno tiene que seguir haciendo lo que le sale del pepino.
T.Ll: Divides el libro en varias etapas.
J.A.I:Hay dos periodos claros, hasta el año 93, que fue el año que vine para Villamanín, y los otros son anteriores, de mi época loca, de rebeldía, pues con 16 años ya tomaba copas en el Universal, una vida de alcohol y anfetaminas a la que no renuncio, ni mucho menos, pero pasa el tiempo.
T.Ll: ¿Y porqué cambia uno de vida?
J.A.I:Por aburrimiento, las cosas te llegan a aburrir. Para mi el alcohol fue un pozo de sabiduría, pero me llegó a aburrir y cambié de camino.
T.Ll: Vives y trabajas en medio de una naturaleza áspera, de nieve, ¿qué te ofrece la naturaleza?
J.A.I:Tengo, tenemos, la gran suerte de mantener una forma de vida más acorde con lo que ha sido la vida del ser humano, la que no tienen en la ciudad. En buena medida el hombre es su medio.
T.Ll: Acabemos con un poema tuyo: “Lo que tienes que decir está en tu verso. Lo que digas de más, desatino o fatuidad, como humo se va”.
J.A.I:Pues eso. Que soy partidario de que los escritores no salgan jamás en los periódicos porque yo hay gente a la que no leo porque como les he escuchado o leído algunas chorradas tremendas y ya no me adentro en su obra, me parece que no me interesa…