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Jueves, 01 de noviembre de 2012
EN EL ÁGORA / José Luis Carrera Peláez /

Contra el nacionalismo... y el señorío

En el siglo XVIII el germen de la Ilustración atormenta al clero y la nobleza. De los sueños de la ilustración surge la revolución francesa que supone la insumisión de un pueblo despreciado. La ilustración y Darwin ponen en duda a Dios y las nuevas clases dirigentes descubren, otra manera de adormecer a los pueblos, exacerbando el sentimiento patriótico las personas se convierten en ‘zombies controlables’. Así aparecen los nacionalismos en el siglo XIX. Ese sentimiento patriótico se exalta siempre contra alguien, necesita un contrario si no se termina diluyendo. Durante la dictadura franquista, por ejemplo, hubo mucha gente que fue a la cárcel e incluso murió simplemente por hablar catalán. El idioma en este caso es un elemento identitario que uno siente como propio y el otro como una afrenta. Estos días el único tema de las noticias es que el Gobierno catalán ha puesto encima de la mesa la posible independencia de Cataluña. Me parece una postura ‘muy inteligente’ para ganar unas elecciones por mayoría absoluta. Pero esta apuesta nacionalista será mayor o menor dependiendo de la fuerza contraria. A más gasolina más fuego. “La masa no piensa”, decía Spencer Tracy en ‘Furia’.
En nuestra tierra no ha habido nunca un sentimiento nacionalista aunque muchos han intentado inventarlo. Pero en cambio creo que sí hay un sentimiento de una superioridad innata, ese señorío y abolengo presente en nuestras tradiciones y nuestra vida. Nos queda algo de aquellos hidalgos castellanos que describía genialmente Cervantes, arruinados y hambrientos, que antes de salir de casa se rociaban el pecho de migas de pan para que la gente viera que habían comido.
No vemos arriba, pero todos los datos económicos sitúan a la provincia de León en los últimos puestos del ranking nacional. ‘La Cultu’ siempre ha tenido ese aura de comparación con el Real Madrid, la realidad es un equipo de Tercera.
Dice Toni Nadal, entrenador de Rafa Nadal, que solamente cuando Rafa fue consciente de la superioridad de Federer fue capaz de mejorar para ganarlo. Eso es la verdadera humildad. La humildad destruye todos los nacionalismos y apariencias.



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